Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, con Internet como punta de lanza, han propiciado tanto nuevos métodos de acceso a la información como nuevas formas de registrarla.
La inmediatez y la accesibilidad son parámetros principales en estas nuevas formas de acceso a la información. El primero de estos parámetros, la inmediatez, se entiende como el tiempo necesario para acceder a un determinado contenido informativo. Esta capacidad se ha ido incrementando en los últimos tiempos mediante la presencia de bases de datos, índices y buscadores ampliando, de esta forma, el universo informativo de cualquier persona. Ya no es necesario viajar a una determinada ciudad o ponerse en contacto con una determinada institución para buscar una información local sino que, en la mayoría de los casos, esta información está accesible a través de los recursos web de la propia institución. Otras veces sólo es necesario hacer una simple consulta en un buscador web para acceder a esa información a golpe de ratón.
El segundo de los parámetros, la accesibilidad, se ha ido también incrementando y mejorando en los últimos tiempos a medida que lo hacía la tecnología de la información. El incremento exponencial de información en la red aumenta, también exponencialmente, el acceso a la misma. La capacidad de acceso de hace unos años a una determinada información se ha multiplicado por cien por el mero hecho de las mejoras tecnológicas.
Así pues, cualquier persona en posesión de un dispositivo con acceso a la red tiene la capacidad de acceder a una cantidad de información que sobrepasa toda aquella publicada en el mundo hasta la aparición de las nuevas tecnologías de la información.
Esto es a la vez una ventaja y un inconveniente. La ventaja evidente es la capacidad de acceder de forma casi inmediata a todo tipo de información; la desventaja, la pérdida de orientación y la sobresaturación de información que es, en definitiva, una forma de desinformación. Por tanto y de modo paradójico, el tener acceso a una mayor cantidad de información lleva implícita la necesidad de establecer una criba o selección de la misma así como una estructuración y acomodación a las necesidades y capacidades cognitivas de las personas. No es suficiente acceder a la web para estar “bien informado” de algo sino saber dónde buscar esa información, “limpiarla” y adecuarla al uso que de ella se va a hacer.
Como cualquiera puede entender fácilmente, no es válida la misma información sobre los pollos para un trabajo escolar que para el propietario de una granja aviar ni para éste que para un activista de los derechos de los animales ni para el activista que para una cadena de supermercados. La información lo es en su contexto adecuado y sólo en él puede devenir en conocimiento, todo lo demás no deja de ser “ruido informativo”, desinformación.
Para dar utilidad a todo este universo informativo es necesario contar con profesionales capaces de realizar las labores de “refinamiento” de la información; profesionales que adecuen la información a las necesidades reales de sus utilizadores, que añadan valor a la información para convertirla en conocimiento, que gestionen este conocimiento de modo que de él se extraiga nuevo conocimiento, que exploten y faciliten canales de comunicación en los que la información fluya y aumente su accesibilidad y uso posterior.
Estos profesionales deberán tener experiencia en el acceso a la información, en el tratamiento de la misma, en el uso de canales de comunicación, en las vías de difusión de la información. Deberán tener conocimientos de gestión, de planificación y de análisis de sistemas de información. Deberán ser dinámicos, proactivos, creativos y estar siempre dispuestos a aprender, a explorar nuevos métodos de información y nuevos medios de comunicación.
En definitiva, para afrontar la nueva realidad de la información es necesario contar con profesionales que conjuguen conocimientos y experiencia en información y comunicación y los profesionales mejor preparados para llevar a cabo esta misión son los bibliotecarios.
Un bibliotecario conoce la naturaleza de la información como profesional de la misma que es, tiene conocimientos y experiencia (varios siglos, por cierto) en la gestión y planificación así como en el tratamiento, almacenamiento y difusión de la información. Es un profesional dinámico y adaptativo que adopta cualquier nuevo medio de información a su profesión convirtiéndose así en analista de sistemas de información, gestor de contenidos, desarrollador web, community manager, content curator o en cualquier otro perfil profesional que incorpora para añadir valor a su profesión y a los resultados de la misma en la sociedad.
Además conoce, por contacto cotidiano, a los receptores de la información: a los usuarios de las bibliotecas. Por tanto, conoce sus gustos, sus necesidades, sus expectativas y puede actuar en consecuencia ofreciendo aquello que solicitan en su contexto adecuado.
Además, mantiene viva la memoria cultural a través del mantenimiento de colecciones bibliográficas más allá de los vaivenes e intereses del mercado, de las modas y de las promociones o del marketing. Es garante de la pervivencia de la obra del artista, desde el menos conocido al más laureado.
Además, transforma la información para aportarle valor o mejorar su acceso y siempre con el objetivo final de mejorar el flujo de conocimiento, la mejora continua de las personas, el acceso de las mismas a la cultura y a la información, sin discriminación de ningún tipo, sin condiciones y "casi" sin barreras.
Además, un bibliotecario lo es por formación continua, por tener siempre presente que la comunicación, los flujos de información en los que viaja la cultura y el conocimiento, es un proceso en continua evolución y que sin perder su más prístino sentido, se vale de cualquier avance humano para facilitar su objetivo de trasladar de una fuente a otra, y así sucesivamente, su mensaje. A esos avances debe atender el bibliotecario y hacerse con ellos como una herramienta más de su trabajo y responsabilidad.
En definitiva, un bibliotecario es algo más que un bibliotecario.