lunes, 28 de febrero de 2011

Esclavismo

Con el nombre de esclavo nos referimos al hombre que no puede disponer ni de su persona ni de sus bienes, sino que lo disfruta todo a voluntad de su amo

Discourses Concerning Government (Algernon Sydney)

Cuando el político inglés Algernon Sidney escribió su Discurso sobre el Gobierno definió el concepto de propiedad en oposición al absolutismo ejercido por Carlos II de Inglaterra como el derecho de todo hombre a decidir libremente sobre su conciencia, su persona y, por extensión de esta libertad, sobre sus bienes. Entendía, como Locke, que esta libertad emanaba de la ley natural que hace a todos los hombres iguales en tanto que fueron creados a imagen y semejanza de Dios (imago dei) y que, por tanto, a ninguno se le dio prevalencia sobre otro ni la capacidad de alienar decisiones y pertenencias.

Eran los tiempos de las luchas intestinas entre las tradicionales monarquías absolutas y el incipiente liberalismo inglés tan corrompido con el paso de los años y que ha dado lugar a un capitalismo desmedido que ha supuesto la restauración de un tipo de absolutismo moderno y más despiadado que el ejercido por los monarcas del siglo XVII europeo.

Pensadores como Sydney, Locke, Shaftesbury iniciaron una corriente que pretendía desvincular al individuo de la tutela ejercida por una monarquía que pretendía regir en todos los aspectos del individuo limitando su libertad de conciencia en lo religioso y sus propiedades materiales. Eran los inicios del liberalismo entendido como la libertad del hombre en el más amplio sentido que le otorgaba el poder de decidir sobre su propia conciencia y sobre sus propios bienes.

La introducción del dinero como valor de cambio supuso, no obstante, la perversión de esos mismos principios liberales que lo propiciaron. El dinero suponía la capacidad de un propietario de producir excedentes sin perder el valor del mismo. Este excedente se podía vender acumulando su valor representado por el dinero de modo que el propietario no estaba sujeto ya a limitaciones sobre el uso o consumo de lo producido. En otras palabras, el trigo excedente no se podía almacenar por mucho tiempo sin pérdida de valor, el dinero sí.

Esto llevó a la acumulación de dinero o de capital. El valor ya no estaba en lo producido sino en el capital acumulado por la venta del excedente lo que revertió en un ciclo de producción-excedente-capital que llevó al propietario a un nuevo escenario en el que el valor de su propiedad ya no estaba en la libertad de disponer libremente de esa posesión sino en la posibilidad de acumular valor (capital) por la venta del excedente. Este ciclo iniciado pronto dio como frutos la concentración y los monopolios que supusieron la acumulación del capital en unas pocas manos que, a su vez, conformaron una nueva clase social distinta a la de los propietarios. Esta oligarquía capitalista, a medida que acumulaba valor (dinero), fue acumulando poder y devino en una nueva clase dirigente que copó las esferas de poder y los círculos de decisión política.

Este ciclo ha sido incesante desde ese momento hasta nuestros días hasta el punto de cerrar el ciclo y dar paso a una nueva forma de absolutismo del dinero y a una pervertida forma de liberalismo conocida como neoliberalismo que poco o nada tiene que ver con los orígenes de esta corriente de pensamiento nacida precisamente para contrarrestar los efectos perniciosos sobre el individuo del poder absoluto.

Así hoy, vuelven a cobrar sentido las palabras de Algernon Sydney y el hombre vuelve a ser el esclavo que no puede disponer libremente ni de su persona ni de sus bienes. El marketing, la publicidad, el periodismo subjetivo, el control sobre la información, la legislación no dirigida hacia el pueblo, los referentes sociales dirigidos y tendenciosos, los intereses privados y otros muchos aspectos que tienden al pensamiento acrítico no nos permiten disponer libremente de nuestra persona. Estamos constreñidos por una imagen hecha a modo y semejanza del nuevo dios dinero. No somos libres en nuestras conciencias aunque los nuevos absolutistas pretendan hacernos creer que disfrutamos de plena libertad. Es una libertad vigilada. Estamos dirigidos hacia unos valores decididos de antemano y cuyo objetivo último es la acumulación de capital. La prueba irrefutable de esto es el consumismo exacerbado que se promueve desde todas las esferas sean estas políticas, empresariales o sociales. Pero el consumo, si es libre no facilita la acumulación así que debe ser dirigido y universalizado por medio de una serie de instrumentos que modifiquen voluntades y la modificación de la voluntad es, por definición, la pérdida de la libertad.

En cuanto a los bienes ¿quién es el verdadero dueño de tales bienes? Las hipotecas y los créditos que todos debemos soportar para mantenerlos aniquilan la libertad que supuestamente poseemos sobre ellos. Las propias leyes, impuestos y decisiones económicas hacen fluctuar su valor y nuestra capacidad de decidir sobre esos bienes. Nadie es poseedor de un bien en libertad pues está constreñido por leyes que impiden tomar decisiones libres sobre él y que limitan la capacidad de gestionarlo a voluntad.

Vivimos una nueva época de esclavismo en la que nuestra persona y, por extensión, nuestras conciencias así como nuestros bienes están sujetos a la voluntad de un ente superior que aliena nuestra libertad de decidir sobre ellos. Vivimos viendo las sombra de nuestra libertad sin llegar nunca a siquiera rozarla porque no está en nuestras manos porque hemos perdido la capacidad de decidir libremente y hemos dejado nuestra voluntad en manos extranjeras y porque hemos violado la ley natural que nos hacía a todos iguales y por tanto libres.

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