viernes, 7 de mayo de 2010

Tempus fugit

Antes, mucho antes de esta archiconocida crisis económica y financiera mundial, ya existía otra crisis: la crisis creativa. Quizá ambas crisis tengan orígenes similares basados en esta incapacidad actual nuestra para tomarnos el tiempo necesario entre la idea y su ejecución. Hoy se soslayan, cuando no se omiten directamente, las fases posteriores a la aparición de la idea, es decir, la maduración, la reflexión, las pruebas, los borradores, los prolegómenos, las consultas, en definitiva, todo cuanto tiene de perfectible la idea en sí hasta llegar a una ejecución digna de la misma, quizá carente de talento, de duende, de arte, pero digna.



Estas "prisas por el éxito", esta necesidad de reconocimiento inmediato son perfectamente constatables a través de las artes, la ciencia, la política y, en general, en toda la actividad humana de hoy en día. Concursos de popularidad, mal llamados de talentos (el talento se posee pero hay que cultivarlo adecuadamente, como Mozart o Picasso), injerencias profesionales que evitan la formación necesaria para su ejercicio, mociones de censura que amagan la representatividad al sufragio, burbujas económicas que buscan rentas astronómicas inmediatas y todo un largo etcétera que no hace sino constatar la ausencia de la más básica de las premisas filosóficas: la reflexion y el silencio previos al conocimiento.

Así, incluso se aplaude como un logro fantástico y digno de encomio la rapidez y la precocidad en alcanzar determinadas metas que en otros tiempos hubieran llevado varios años al postulante. Tal es la necesidad de acelerar los trámites que incluso llegan al Senado (del latin senatus, anciano) políticos treintañeros, o se jalean como verdaderos logros artísticos engendros culturales de dudoso gusto. Este último caso se demuestra en el éxito desmesurado que han tenido dos películas de Serie Z en EE.UU. Una de ellas es "The room" una cinta que han llegado a calificar como "la pero película de culto de todos los tiempos". La otra, titulada "Birdemic: shock and terror", pretende ser un homenaje a "Los pájaros" de Hitchcock que habrá hecho removerse al maestro en su tumba.

El caso es que ambas películas se han convertido, de la noche a la mañana, en todo un éxito de masas al mismo nivel que otras producciones de Hollywood. Aunque, por cierto, estas últimas adolecen de la misma carencia de originalidad, maestría y talento aunque, eso sí, cuentan con toda la ayuda económica de una industria hecha a la medida de los "productos predigeridos" que nos permiten a todos evitar la cansina masticación (léase reflexión) que lleva a un conocimiento firme de las cosas. Tempus fugit así que carpe diem.

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