lunes, 28 de junio de 2010

El G-20

La prueba del nueve de la incapacidad de la clase política y de la lacra que suponen para el grueso de la población mundial es que, celebrada ya la cumbre del G-20 en Toronto, con todas sus alfombras rojas, sus cenas de gala, sus fotos oficiales, sus discursos huecos, etc., el comunicado oficial admite sin rubor que para el 2016, la deuda pública de los países que componen el G-20 habrá alcanzado el 117%, frente al 80% del año 2007.



Este chandrío económico lo haces tú en tu casa y te embargan hasta los empastes pero los países, hombre, son otra cosa. Soportan deuda a dos carrillos. Aunque bien pensado, esto funciona más o menos así: el mercado se libera para que las empresas compitan entre ellas. Nada que reprochar si todas jugasen en la misma división y con el mismo presupuesto. El problema es que esto no es así y la competencia que Manu el de la tienda le puede hacer al Carrefour del centro comercial es la misma competencia que puede hacerle el FC Tropezón, de Tanos (Cantabria), de Tercera División al Barça de Messi.



Así pues, Manu le vende el pan y poco más a las cuatro abuelitas del barrio y el Carrefour del centro comercial les vende alimentos, productos de limpieza, estética, electrodomésticos, un crucero por el Egeo y una bifocales a los del barrio y a los de los barrios aledaños estimándose en diez manzanas la zona de influencia hasta el próximo Carrefour (en esto si cuidan la competencia entre ellos). Resultado: Manu chapa la tienda agobiado por los impuestos, pagos a proveedores, el sueldo del currito que le ayuda en la tienda, la subida del IVA (que él no puede asumir como el Carrefour porque su margen comercial ya es para llorar), el préstamo de la cámara frigorífica que le obligó a instalar Sanidad, etc. Mientras el Carrefour concentra la mayoría del volumen de consumo mediante la sacrosanta "competencia" que le hace a Manu, a la tienda de electrodomésticos donde llevábamos siempre el tostador para que lo repararan, a la de la lencería (que también ha cerrado como Manu) y hasta a Paco, el corredor de seguros (ahora en el Carrefour mientras te cortan los filetes te hacen un seguro de decesos que puedes pasar por la caja rápida).



Así funciona todo mientras la gente puede pagarse esos carros repletos como de vacaciones de marroquíes. Pero cuando las cosas pintan bastos y Encarna va al Carrefour pero compra lo justo, sus patatas y el Colón que está de oferta, el ratio de beneficios de la superficie comercial se viene abajo, empieza a despedir al personal con menor antigüedad, luego a los de mayor antigüedad con despidos objetivos (que no lo son tanto) y 20 días de indemnización por año y termina haciendo un ERE y posteriormente suspensión de pagos que es como decir "hasta aquí hemos llegado. Yo recojo mis bártulos y ahí os quedais".



La gente afectada por el ERE empieza a incumplir, contra su voluntad, sus obligaciones hipotecarias y de crédito, de esos créditos que la entidad bancaria le ofreció en ese compadreo existente hace unos años en los que los bancos y cajas te prestaban antes y de mejor humor que tu hermano. Hasta te animaban a contraer un crédito con ellos. Pero ahora, sin trabajo, con un desempleo escaso porque en muchos casos la empresa pagaba un buen pellizco de la nómina en B o en negro, con bienes muebles e inmuebles que o bien han perdido claramente su valor o se han devaluado por debajo del precio de compra, Juan, Alfredo y Pedro se toman un carajillo mientras se cagan en la puta suerte que les ha tocado vivir y piensan cómo van a hacer para mantener la casa. Kike no pudo ya y el banco le embargó la casa donde vivía. Ahora vive en el garaje de los suegros. Mientras, los bancos y cajas se han convertido en agentes inmobiliarios y en receptores de deuda externa que no analizaron como deberían haber hecho.

Resultado: Kike se queda sin casa y la vida se le pone muy empinada. Se le ha acabado ya el subsidio y de vez en cuando hecha unas horas como extra en un hotel, pocas porque cada vez le llaman menos. El banco o la caja, pide un "rescate" al gobierno que le suelta una morterada de millones para que "sanee" sus cuentas, esas mismas cuentas que deberían haber hecho en su momento y no hicieron. Sin embargo, misteriosamente, el dinero público no ayuda a que Kike recupere su casa y el banco o caja pacte con él unas condiciones de pago que puedan servir a ambos. Ni tampoco ayuda ese dinero público a fomentar la creación de empleo por la vía de la reactivación del crédito a las empresas. Ni siquiera se emplea como un fondo de garantía al desempleo que se reparta de acuerdo con las necesidades reales de cada uno. No, ese dinero (¡público!) se destina a tapar la monumental cagada de unos banqueros que deberían haber hecho bien su trabajo antes de ayudar al gran catacrack.

Resultado: Kike, Juan, Alfredo y Pedro hablan de los octavos ante Portugal delante de un carajillo porque como se pongan serios se cortan las venas con la cucharilla. Los bancos hacen caja y el Gobierno dilapida parte de los ahorros de todos.



El Carrefour, la Nissan, Phillips, Mattel, Adidas, y otras empresas ven que España ya no es un chollo, que donde antes había línea de crédito a barra libre ahora hay más miedo que en las selvas de Vietnam, así que se deslocalizan y se las piran a Tenochtitlan donde montan una maquila clandestina que emplea a doscientas indígenas por dos euros al día con derecho a un vaso de agua a media mañana. Pero como Lupe dice que eso no es vida y nada sabe de la deslocalización de la empresa para la que al final trabaja (no sabe siquiera que trabaja para Nike) oye una conversación en una cantina que le levanta el ánimo. "Pues si wein, ahorita me llamó mi compadre y me dijo que trabaja en un mercado que se llama Carfur o algo así y que le va rebien, que gana casi mil euros por mes y que libra un día por semana..." Así que Lupe, sin pensárselo dos veces recoge todos sus ahorros y compra un billete para España.

Cuando llega el Carrefour hace meses que cerró con una suspensión de pagos y ella se ve sin papeles y sin futuro malviviendo en un apartamento de camas calientes mientras patea las calles buscando trabajo. Tentada ha estado de hacer caso a Marcia, una amiga argentina que le ha dicho que haciendo la calle "se gana buena plata", que lo peor son las dos primeras semanas, luego la conciencia se adormece. Al correr un día para coger el metro Lupe se cae por las escaleras y se rompe la clavícula y una pierna. Casi inconsciente piensa en su pueblo y en lo rebien que la pasaba con sus primas en las fiestas y en lo que daría por estar allí ahora.

Resultado: Lupe con el alma hecha jirones y el cuerpo partido en cuatro torzos añora su aldea con más dolor que el de la pierna. El Estado tiene que pagar la operación de Lupe, su convalecencia hospitalaria y su repatriación en virtud de la Ley de Extranjería.

Pero como somos candilejas y no queremos ir de tipos duros con otros países, en vez de cantarle las cuarenta al sátrapa de turno (mandándole a los marines si fuera necesario) que tiene acogotada a su población hasta el punto de que son capaces de dejar la tierra donde nacieron por tierra, mar o aire en busca de algo mejor, pues no hacemos nada y dejamos que se queden en el estrecho al volcar la patera o asfixiados en los bajos de un camión o congelados en la bodega de carga de un avión o ... Y los que consiguen llegar, en vez de El Dorado se encuentran El Morado, un país que apenas tiene para ir tirando con los suyos porque no han hecho bien sus deberes. Ahora, encima, tiramos de política social indiscriminada para que se vea bien lo que somos y seguimos fundiendo los ahorros. Hasta que nuestro depilfarro empieza a tocarles los huevos a nuestros hermanos mayores (Francia, Alemania, ...) que ven que van a tener que pagarnos las farras que nos hemos "pegao" y el despilfarro que hemos hecho y nos dicen "mira nano, yo no voy a andar pagándote las meteduras de pata que yo también estoy boquerón así que si no quieres que te de una colleja en 3D vas a hacer lo que te diga".

Resultado: Donde dije digo, digo Diego. Facazo a las políticas sociales y a recortar gastos de los sectores menos proclives a tirar de molotov y barricada, es decir, a los abuelos que no están para esos trotes los pobres y a los funcionarios que son capaces de ceder derechos económicos mientras no les toquen los sociales y los que se toman por arte de birli birloque, léase ir a las rebajas en el almuerzo, quedarse tres días en casa por un padrastro en el dedo, etc.

Así las cosas, el despilfarro y la falta de gestión responsable deja la deuda a punto de record Guiness, la deslocalización de las macroempresas, los EREs y concursos de acreedores de compañías que hasta antes de ayer iban viento en popa supuesta y misteriosamente o la falta de crédito a las pymes para que puedan aguantar al personal sin despedirlo, deja el Paro en cifras que estudiarán los visitantes de Alfa de Centauro en el 2306 y los currantes que aún quedan, porque aún quedan aunque parezca imposible, o están con el canguelo propio de quien ve las barbas de su vecino pelar o están amodorrados como un gato al sol mientras les roban el bocata delante de sus narices.

Pero no pasa nada, del G-20 saldrá el nuevo orden mundial (ya hablaron de refundar el capitalismo) con frases y decisiones tan estrictas y concisas como las de la última cumbre: reformas estructurales y disminución del déficit. ¡Sembraos estais!

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