Si es que algunos (muchos) ya veníamos avisándolo desde hacía tiempo y es que no era muy normal el modo de proceder de estos señores y señoras encumbrados en el Olimpo de la gestión de los derechos de los demás. Es que no es muy normal que nadie gestione tus derechos o ¿sería normal que un organismo gestionara tu derecho a la libertad de expresión o tu derecho a sindicarte? No, no sería muy normal a pesar de que estuviera regulado por ley (la USA PATRIOT Act también es una ley) y consentido por algunos de los propietarios de esos derechos.
Muchos (no todos) nos quedábamos a cuadros cuando leíamos noticias de que la SGAE había denunciado a un pueblo por la representación de no sé qué obra (aunque fuese una adaptación y por tanto no la original), a un bar por poner no sé qué música (aunque la hubiera grabado en su casa el dueño del bar con su cuñado en plan chirigota), a una boda por la música de la barra libre (aunque se hubiesen colado sin invitación en un acto privado) y otros miles de ejemplos que te quitaban hasta las ganas de silbar. No entendíamos tampoco cuál era el sistema de reparto de las cuotas pagadas a esta sociedad ni si se tenían en cuenta el número de reproducciones, emisiones o representaciones para tal reparto ni si se detraían de esas cuotas el porcentaje de obras carentes de derechos o de dominio público ni si existía algún tipo de acuerdo con otras sociedades de gestión de derechos de propiedad intelectual del extranjero para el abono de las cuotas correspondientes a auotres extranjeros. Así que no sabíamos si a Alejandro Sanz o a Bisbal le pagaban más que a Melendi ni si la cuota correspondiente a la reproducción de la Traviata se la llevaban al cementerio de Milán a Verdi ni si Teddy Bautista se desplazaba directamente a las calles de Harlem para darle la pasta a los raperos neoyorquinos (show me the money, man!!)
Y es que el oscurantismo, las acciones propias de la Gestapo y las tropelías varias realizadas por la SGAE tenían a unos indignados y a otros con el corazón en un puño. Los primeros sólo llevabábamos música en el coche, los segundos tenían negocios que vivían en parte de la música. Y claro, todas estas artes siempre tienen algo oculto, algo que no termina de cuadrar, algo, al menos, sospechoso. Y así ha pasado que hoy la Guardia Civil ha registrdo la sede de la SGAE en Madrid y va a poner a Teddy Bautista a disposición judicial. No cabía otro fin.
Pero de cualquier forma, y a pesar del resultado de la investigación que la Fiscalía Anticorrupción va a poner en marcha por apropiación indebida (irónica acusación a quien gestiona derecho de propiedad) y desvío de fondos, lo que queda meridianamente claro, al menos a mi juicio, es lo inapropiado de este tipo de entidades para gestionar los derechos de sus asociados. Yo no digo que no deba haber control sobre el uso de las obras intelectuales de los autores y creo que como yo, salvo excepciones de los revientacabinas de siempre, la mayoría entiende que hay que proteger las creaciones de los autores, pero lo que tiene guasa es que aquellos que se erigieron en defensores de estos derechos vayan a ser juzgados ahora por lucrarse con los mismos. Hombre yo no soy autor. Lo más que escribo es en este blog y poco más y además permito que se me copie y recopie porque no vivo de ello. Pero si lo fuera, si viviera de mis creaciones, lo que tengo claro es que jamás me fiaría de entidades como la SGAE y de personajes como el Sr. Bautista.
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