Hay que estar atentos a las señales que en cualquier momento se manifiesten. Si te gusta la montaña y en un día de noviembre empiezas a subir una cumbre y te encuentras con que hay muchos pájaros que vuelan hacia abajo en vez de subir hacia la cima, lo mejor es que empieces a bajar tú también porque la tormenta se acerca. Es una señal y conviene tenerla en cuenta o al menos saber qué representa.
Hace tiempo que, como esos pájaros de altura que vuelan hacia el valle, se están produciendo señales que deben hacernos prever un horizonte diferente al que estábamos acostumbrados. Me refiero a las señales provenientes del mercado en general y de la política en particular.
Leía en el libro de Naomi Klein, "La doctrina del shock" que fuertes impactos en la psicología social permiten abonar el terreno para reformas impopulares (la cita es de memoria). Estos impactos pueden ser provocados o no pero en todo caso, la situación de caos permitirá constreñir derechos que de otra forma sería difícil de hacer. Un caso paradigmático de eso es la USA Patriot Act aprobada tras los atentados del 11-S y ante la que los estadounidenses cedieron derechos individuales que a sus abuelos les costó unas cuantas guerras e incluso la vida de algunos. Pero ante el miedo a lo desconocido todos buscamos amparo ya sea la mano de tu padre o de tu madre o la tutela del Estado.
Como en el anterior caso, y dejando a un lado la previsibilidad de la crisis actual y la responsabilidad que deberían tener quienes debían haberla previsto, lo cierto es que se está acabando con el modelo de bienestar social iniciado por el norteamericano Keynes aportando más valor al capital que al trabajo y limitando una serie de derechos cuya destrucción se inició con Tatcher y Reagan.
Por poner sólo algunos ejemplos de estas señales diremos que los recortes principales una vez asumida la crisis han sido sobre los gastos sociales (desempleo, desarrollo, dependencia, maternidad, etc.) y sobre sectores ya de por si desfavorecidos: pensionistas cuyas pensiones son de las más bajas de la Eurozona y funcionarios que allá por el 2007, cuando todavía no se atisbaba la crisis, ya perdían más de un 40% de poder adquisitivo con respecto a otros sectores. Señales.
Pero aquí no acaba la cosa. También hay caldo para las pymes. Las que no tengan deudas contraídas con alguna administración pública (esas que se den por jodidas) tendrán que pagar un tipo impositivo más alto que una gran empresa multinacional. Es decir que la carpintería de tu primo Manolo tributará en un porcentaje del 20% mientras que el Santander de Botín o la Telefónica de Alierta lo hará en un 17%. Eso si no hace como el señor Amancio Ortega y se lleva parte de su facturación a Irlanda con tipos impositivos todavía más reducidos. Señales.
Así pues, montado el pollo monumental, con las agencias de rating (privadísimas, por cierto) lanzando pedradas, el FMI soplándonos en la nuca y el BCE apretándonos los genitales hasta que cantemos como Farinelli, los dos superpartidos de esta España cainita que decía Machado se marcan un "agarrao" y se cepillan la que hasta ahora nos decían que era el sancta sanctorum del estado de derecho: el consenso constitucional. Así que algo que es de todos los españoles (incluidos vascos y catalanes) ahora lo deciden unas 200 personas (no sé si andará por esa cifra el número de diputados socialistas y populares, descontando a Gutierrez, el único sensato de todos estos) a las que votaron un escaso tercio de los españoles con capacidad de voto. Señales.
Y esta señal es de las de tener en cuenta porque la nueva redacción del artículo 135 que nadie sabíamos ni siquiera que existía ( ano ser que estuvieras opositando y eso es difícil) y mucho menos sabíamos qué decía, ahora señala explícitamente que "los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos del presupuesto y su pago gozará de prioridad absoluta". En definitiva que primero se pagarán los intereses y el capital de la deuda y después se harán colegios, hospitales, bibliotecas, centros de drogodependencia, geriátricos, guarderías, parques infantiles y demás cosas insustanciales. Lo importante es tener contentas a las entidades de crédito no sea que vuelvan a liar otra como la de las subprime. Señales.
Pero como decía esta señal es de cuidado porque la administración (la que sea, el Ayuntamiento de Villabotijos, pongamos por caso) pide un préstamo a una entidad de crédito para hacer un gimnasio para el pueblo. La obra cuesta 1 millón y se ejecuta adecuadamente, en tiempo y forma y por el presupuesto convenido. Sin embargo, el Ayuntamiento de Villabotijos paga ese millón del capital financiado más un 5% de intereses que van directamente a la entidad y no al pueblo. Y como debe esos intereses (más el capital, claro) el pago de la deuda se contrae en varios años. Así que resulta que por el uso el pabellón debe ser remozado a los tres años (hay unas goteras que es lo típico en obra pública) pero como el artículo 135 dice que lo primero primerísimo es pagar la deuda al banco, resulta que no pueden acometer las labores de mantenimiento porque iene que pagar los intereses de esa deuda. Como hay margen vuelven a endeudarse con la entidad en otro crédito para poder tapar las goteras y al año siguiente hay filtraciones en el suelo del pabellón que tienen que ser reparadas. Pero no se puede porque hay que pagar los intereses de las dos deudas. Así van pasando los años y Villabotijos celebra una fiesta popular porque han terminado de pagar la última letra del crédito sobre un solar en ruinas donde antes había un gimnasio.
No pierdas el ojo a las señales.
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