
Informactiva
La realidad nos genera preguntas que debemos respondernos aunque nos equivoquemos
martes, 28 de junio de 2016
Demasiadas coincidencias

domingo, 9 de noviembre de 2014
Más que un bibliotecario
jueves, 21 de agosto de 2014
Mercadear por decreto
viernes, 21 de septiembre de 2012
Modelos
A veces porque el noble oficio se ha extinguido ante la natural predación del progreso, otras porque ese oficio apenas da para la más básica de las subsistencias y en la mayoría porque ese oficio ha ido perdiendo identidad hasta llegar a ser una sombra de sí mismo. Esta última es la más triste porque supone no una superación de antiguos procedimientos ni la falta de demanda sobre la misma sino la pérdida de valor de algo que es realmente necesario pero que no ha sido suficientemente defendido y puesto en valor.
Si yo hubiera sido, pongamos por caso, futbolista profesional, mi hijo, seguramente, querría seguir mis pasos con una vocación directamente proporcional a mis éxitos deportivos. Y no lo digo con desprecio hacia esa profesión cuya práctica hubiera querido llevar más allá del ámbito amateur en el que jugué pero hay algo perverso en el hecho de que profesiones cuya incidencia en las vidas presentes y futuras de las personas estén infinitamente menos valoradas que otras basadas únicamente en el show business y en el dolce fare niente. Hay algo que realmente no va bien cuando un profesional, pongamos por caso un médico, tiene que vérselas con los recortes, falta de medios, la creciente carga de trabajo y, además, se le echa más leña al fuego con declaraciones de cargos públicos en los que se insinúa que su estatus socioeconómico está por encima de sus resultados mientras el cantante, el actor, el escritor de best sellers o el deportista son agasajados, vitoreados, aplaudidos y recompensados hasta la extenuación por esos mismos cargos públicos que le dicen al bombero que es un “privilegiado”.
Esta actitud de quienes tienen cierta responsabilidad en la creación de referentes sociales entre los que están los políticos pero también los medios de comunicación, provoca –ha provocado ya- que toda una generación esté más pendiente del ganador del concurso de talentos que de los últimos avances científicos. Incluso ahora que lo escribo, me suena raro hasta a mí que alguien pueda tener interés en estos avances a no ser que sea su profesión, claro.
Esa misma generación tiene una capacidad de adaptarse a la tecnología que jamás tuvieron o tuvimos nosotros, adictos a los manuales de uso. ¿Alguien ha visto a un chaval leyendo el manual de uso de su smartphone o de su tablet? ¿A que no? Claro que no. Nunca lo harán. Tienen los fundamentos necesarios para desenvolverse adecuadamente con las nuevas tecnologías. Se trata de adaptación natural al entorno y si que cualquiera pruebe a darle una tablet a un niño de cuatro años. Se maneja mucho mejor que cualquier adulto que la coja por primera vez. Ellos no tienen que “desaprender” nada. Nosotros sí.
Sin embargo, esta capacidad de adaptación que es sumamente beneficiosa se convierte en fútil, por no decir perniciosa, si carece de los referentes sociales necesarios. Así, el uso de las TIC en los adolescentes está destinado sobre todo al ocio. Pero no a cualquier ocio (leer Guerra y Paz también es ocio) sino al ocio basado en el consumo y al binomio “referente-consumo”. Así, un chaval de 15 años se pasará el día viendo vídeos en Youtube de su deportista o su cantante favorito y después comprará todo aquello que tenga que ver con el modelo propuesto.
El marketing, la publicidad se basan en este binomio y a él destinan todo su potencial. Abundan los ejemplos de esto que en publicidad se conoce como “target” o sector del mercado al cual preferentemente se dirige el producto/servicio. Como ejemplo de cajón podemos ver cómo los anuncios de compresas se dirigen a una mujer de clase media de entre 18 y 35 años o cómo los spots de Canal Plus inciden en el sector de su negocio que más beneficios les ofrece y se dirige a un público objetivo (target) de varones de clase media entre los 30 y los 50 años.
Ejemplos más sutiles los podemos observar en los nuevos spots de Mercedes que de no publicitarse en los medios de masas han pasado a dirigirse principalmente a los varones de clase media (si es que todavía existe) con el lema de “algo está cambiando en Mercedes” intentando buscar ese nicho de mercado antes vetado para este tipo de coches y que hoy la crisis obliga a la firma alemana a abrir.
En todos estos ejemplos hay un referente social ya sea la salud, belleza y alegría que exponen los anuncios de compresas (es como si se deseara estar en el periodo) o la pertenencia al club de los elegidos en los spots de Mercedes. Pero en todo caso son referentes falsos de la publicidad tradicional.
Este mercado, el de la publicidad y el marketing, han encontrado un nuevo filón de oro: el de Internet. Conscientes de la primacía de la web como canal de comunicación, hoy todo o casi todo es publicidad en la red. Y a esa publicidad van unidos indefectiblemente los referentes del binomio. Redes sociales, blogs y webs son utilizados por empresas para crear opinión y, por extensión, referentes que permitan a posteriori generar una demanda y el consecuente consumo entre su público objetivo.
Este establecimiento de referentes anula su búsqueda pues estos vienen impuestos, empaquetados y predefinidos. Así, nadie necesita hacer un ejercicio de análisis y búsqueda de los mismos pues se trata de una reafirmación constante de la manera de ver y entender el mundo de cada uno de nosotros. Para comprobar esto no hay más que acudir a un mitin político (si es que se tiene estómago, claro) y ver cómo el aforo es en su totalidad afín a las ideas del partido promotor del encuentro cuando debería ser al revés pues la política debería ser no un ejercicio de afirmación sino el del convencimiento o al menos el de la búsqueda de consensos y acuerdos. Pero bueno, ese es otro caso.
El problema aparece cuando las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación no emplean todo su potencial, que es inmenso, en la búsqueda de los referentes, de los modelos adecuados a cada forma de pensamiento sino que subvierten esta capacidad por la de crear consensos falsos en torno a un tema o asunto concreto.
Hoy, más que nunca en la historia, es más accesible la información y, por tanto, el conocimiento generador de conceptos, de modelos y de progreso. No hay más que acceder a la web, a las redes sociales o a cualquier blog, a los distintos medios de comunicación tanto tradicionales o comerciales como independientes para tener un espectro de opinión infinitamente mayor que el que podíamos tener hace apenas unos años lo que nos permite no tomar como definitiva la primera información sino que podemos contrastarla, valorar los diferentes puntos de vista e incluso participar en el debate suscitado. Vivimos en la verdadera era del espíritu crítico pues disponemos de todos los medios necesarios para que éste se desarrolle. Lo que hace falta es despertar las conciencias de su adormecida abulia y darnos cuenta definitivamente que somos autónomos en el pensamiento, que no hay ideas preconcebidas porque esto último es contrario al propio concepto de idea. Cada uno de nosotros cuenta en la creación de referentes porque somos independientes en nuestra capacidad de pensar y porque tenemos, definitivamente, la obligación de hacerlo.
Alguien dijo una vez que la tecnología es algo que ocurre a pesar de las personas. Debemos de modificar este adagio por el de la tecnología es algo que ocurre para el bien de las personas sino queremos repetirnos mecánicamente como modelos uniformados.
viernes, 31 de agosto de 2012
El ROI bibliotecario
Si tenéis cuenta en Twitter o hacéis una simple búsqueda en Google News bajo el término “biblioteca” o “bibliotecas” (con # delante para el hastag en Twitter) podréis comprobar que estas instituciones sufren una doble o triple crisis: la económica o financiera, que sufrimos todos y la institucional o política que sufren también otros servicios públicos. No todos, por cierto.De nada vale decir, como señala David Bell , que las bibliotecas, como institución, están en peligro de extinción porque esta afirmación se basa en una premisa falsa: la de que son una institución cerrada que es poco flexible a los cambios y que su devenir corre paralelo a la suerte del libro impreso. Vamos que los bibliotecarios nos limitamos a prestar libros y películas sin mayor valor añadido que el de registrar informáticamente esa circulación. Y es cierto que en muchas bibliotecas, bien sea por falta vocación del personal o de provisión presupuestaria, los servicios se limitan a la mera circulación de material tradicional. Pero esto no es una consecuencia propia de la causa bibliotecaria sino un accidente que se produce en la misma esencia de esta profesión. Además, abundan los ejemplos de bibliotecas que adaptan sus servicios a los nuevos modos de comunicación a través de redes sociales, eBooks, blogs, servicios de mensajería electrónica, e-learning, exposiciones virtuales, etc.
Pues bien, si las consecuencias de la crisis de estas instituciones tienen su origen en la segunda causa, la falta de provisión presupuestaria, a poco que se haga valer el conocimiento (knowledge) de los profesionales, se tengan en cuenta sus experiencias e iniciativas y se trabaje de modo coordinado y colaborativo, sin duda alguna se sobrepasará ese momento de estancamiento o recesión. Pruebas de ello hay también en las redes sociales y en la web de cómo muchas bibliotecas se han “reinventado” en esta época de crisis poniendo de manifiesto que la premisa anterior es totalmente falsa y que el bibliotecario no es un profesional ermitaño y ensimismado sino que posee, por formación y por experiencia, todo un elenco de posibilidades para potenciar al máximo el uso de los recursos de información de que dispone y que no se limitan, como todo el mundo sabe, a los libros, revistas y otro material susceptible de compra vía presupuestos.
jueves, 29 de marzo de 2012
Huelga del sentido común
Y no es que yo esté en contra de la huelga, no. Hombre, nunca me ha parecido muy útil a pesar de lo que digan muchos de sus promotores porque, por un lado, a quien se putea de verdad el día de huelga suele ser al ciudadano que tiene que ir al médico, al abuelete que tiene que coger el bus para ir a ver a sus nietos o al currela que no tiene otro remedio que trabajar porque no se puede permitir perder un sólo día de sueldo. Los piquetes deberían de proteger tanto a los trabajadores coaccionados por jefecillos sin escrúpulos como a estos ciudadanos. Pero aún así no estoy en desacuerdo con las huelgas. De hecho creo que, bien gestionadas, serían un buen mecanismo para llegar a forzar cambios de posturas. Pero ¿por qué un día de huelga y chimpún? Puesto que se trata de un pulso al gobierno de turno ¿no debería prolongarse hasta que se lograse algún objetivo o hasta forzar una nueva negociación? ¿Qué utilidad tiene el esfuerzo hecho hoy por miles (millones o cientos, según las fuentes) de españoles si mañana todo volverá a la normalidad? Pues ninguno, me temo.
Y es que, aparte de esto, aquí tendemos a mezclar churras con merinas y te lanzan a una huelga teniendo que escuchar cosas como las dichas en una reunión de profesores de Primaria (no diré de dónde) según los cuáles ellos querían hacer huelga pero no la iban a hacer porque "eso es lo que quiere la Generalitat para ahorrarse ese día y que nosotros perdamos el día de sueldo" así que ante tamaño complot por parte de la Generalitat propusieron que los padres no llevaran ese día los niños al cole. Ya sé por qué son maestros ¡Son unas lumbreras! Resulta que con esa solución tú no haces huelga, la hacen los padres y madres por tí. Lo dicho, unas lumbreras.
También hay que escuchar chorradas de gente sin problemas económicos tales como "Pero el día de huelga ¿no te pagan? Entonces no hago huelga" ¡Olé los principios ideológicos! O ver a delegados cuyas centrales sindicales han convocado a millones de españoles a la huelga subir a sus puestos de trabajo y no bajar ni a tomarse un café mientras los piquetes increpan al dueño del barecito de la esquina que ha abierto para ganarse los 100 eurillos de los almuerzos.
Otra cosa que no acabo de entender es lo de las banderas republicanas en las manifestaciones supuestamente progresistas. Y lo digo yo que soy un republicano convencido (y de izquierda) pero es que el orden es el siguiente: primero se es republicano o monárquico y después y sólo después se es conservador o progresista. De hecho (un apunte histórico) la República que derrocó el alzamiento militar del 36 estaba formada tanto por partidos de izquierda como partidos de derecha, así que esa bandera representaba a ambas ideologías y no sólo a una de ellas.
En fin todos estos argumentos y otros muchos más que no tienen cabida en un pequeño post son los que me hacen recelar de la eficacia y sentido de las huelgas en España.
Para terminar un nuevo argumento de lo anterior. Hace poco ha venido una señora a la biblioteca y al verme trabajando nos ha llamado a mí y a mi compañera esquiroles y nos ha dicho que "qué vergüenza que estemos trabajando hoy". Acto seguido me ha pedido ayuda para conectarse a Internet y se ha llevado un libro en préstamo. He pensado (no se lo he dicho porque no hablo con paredes, todavía) si no quiere que trabaje este día, ¿por qué me hace trabajar? Yo creo que hay gente (demasiada) que lo que tiene en huelga es el sentido común.
viernes, 25 de noviembre de 2011
Mayoría minoritaria
Cuando se alude al término “democracia” se pretende conceptualizar con él el gobierno de la mayoría, de la opción política mayoritaria decidida en libertad y mediante un sistema electoral representativo que asegure que lo que se obtiene como resultado es el reflejo exacto de la voluntad popular (del pueblo, demos).
Para poner un ejemplo, si un grupo de colegas (pongamos que son diez) se juntan en una plaza y someten a votación ir de botellón o ir de pubs (el resto de opciones –ir al museo, ir a un concierto de música clásica, jugar al ajedrez- no los contabilizamos por minoritarias), irán de botellón si hay un mayor número de colegas con ganas de pillar una buena tajada o de pubs si la opción de mayor número es la de ir de finolis a los pubs más trending topic. Lo que no cuadraría en esta movida es que sólo dos eligieran ir de “pafetos” y encima lo consiguieran y, no contentos con este juego trilero de las elecciones, dijesen que su grupo de amigos (de diez amigos, no olvidemos) son muy de ir de pubs y que reniegan del mundo del botellón. ¿A que no tendría mucho sentido? Lo normal en estos casos es que los dos finolis se llevaran dos collejas mazapaneras y terminaran, como el resto, echando la pota en el parking del Carrefour donde ha hecho el botellón el grupo. Además, seguro que el más leído del grupo hubiera dicho aquello de “vamos a votar democráticamente” dando por zanjada cualquier defección posterior.
Sin embargo, alejados del suburbial mundo del Larios con Pepsi o del kalimotxo con Marqués del Tetra Brick, los representantes populares (es decir del pueblo, no sólo los del PP) se creen con el derecho de dirigir, gestionar y decidir el futuro de sus pueblos a pesar de haber obtenido una representatividad paupérrima y absolutamente alejada de la realidad electiva nacional convirtiendo así los gobiernos democráticos no en el gobierno de la mayoría sino en el de la minoría bien colocada.
Por poner un ejemplo que no tenga nada que ver con el de las últimas elecciones, no vaya a ser que creáis que lo digo porque no comulgo mucho con las tesis de la derecha, si en unas elecciones cualquiera, con un índice de participación del 65%, la opción política “mayoritaria” A obtuviera el 40% de los votos, correspondiendo el resto del reparto a B (20%), C (15%), D (10%), E (8%) y F (7%), se diría que la opción A ha ganado las elecciones y al día siguiente los titulares de los medios, siempre fieles al espectáculo, dirían que “el país vota A”, “el pueblo quiere A”, “la mayoría dice A” y cosas por el estilo. Pero, sin entrar en detalles matemáticos de la Ley d’Hont ni en cuestiones de circunscripciones electorales que lo hacen más complicado y haciendo el cálculo más elemental vemos que:
Pueblo (demos) son también, no lo olvidemos, aquéllos que no pueden votar por cualquier circunstancia pero que se verán afectados por las decisiones políticas que se deriven de las elecciones. Esos ni siquiera cuentan en los porcentajes de elección democrática
Un 35% de las personas con capacidad de emitir su voto, no lo hicieron. No votaron ni A ni B ni C ni a ninguna otra opción. Un bocado nada desdeñable del conjunto poblacional pues supone más de la tercera parte de los posibles votantes.
La suma de las opciones no ganadoras supera ampliamente a la opción ganadora de las elecciones lo que implica que un 60% del 65% que votó en las elecciones no eligió la opción A.
De esto se deduce que en un sistema electoral como el nuestro, la opción que se denomina o autodenomina “mayoritaria” no sólo no lo es sino que a duras penas alcanza, como en el ejemplo, una representatividad superior al 20% del segmento de la población con capacidad de voto. Es decir, hay casi un 80% que no ha elegido esa opción y eso descontando a aquellos que por diversas razones no están legitimados para votar.
Así pues, hacen falta dos cosas: la primera es un cambio en la ley electoral en la búsqueda de un sistema más representativo de la realidad electiva; la segunda, una visión más realista por parte de todos de lo que obtenemos con este sistema.
Quizá la clase política se haya dado cuenta de que se les empieza a ver el plumero y por eso están pensando en bajar la edad legal para votar a los 16 años. Ya me veo a los “líderes” de los distintos partidos prometiendo subvenciones para el Marqués de Tetra Brick y creando la Subdirección General del Acné y el Cuerpo Facultativo de Pajilleros. Todo sea por seguir conservando esta mayoría tan minoritaria.
Ver http://blogs.publico.es/dominiopublico/4282/¿donde-esta-el-tsunami/





