Hay veces que las personas somos capaces de conocer el engaño con sólo olerlo, con sólo intuirlo, con la mera y simple sospecha. Es el agrio olor del perfume del desengaño. Suele empezar el tufillo cuando se niega, se reniega y se vuelve a negar algo o también, en caso contrario, cuando se afirma y se reafirma una sentencia.
Esto que parece ser propiedad exclusiva del ámbito de las infidelidades matrimoniales o de pareja, sucede muy a menudo en política y no es una perversión menor que en el primero de los casos pues lo que se pervierte es una relación de confianza colectiva: la de los representantes del pueblo con el mismo pueblo. Así que es mayor que la infidelitas inter pares pues atañe a más gente y, por tanto, a un compromiso mayor.
Lo peor de todo es que una vez pillado en renuncio el adúltero o la adúltera comienzan los reproches mutuos que es una forma de despejar balones fuera. "Si me atendieses como me merezco..." "Si me hubieras prestado más atención...""Si me hubieras hecho..." Este es también el caso de la política pero como no se puede morder la mano que te da de comer (el pueblo), pues se muerde al perro (perdón) que hay al lado (otro partido político).
Ese es el caso del denostado Pacto Antitransfuguismo firmado entre PP y PSOE. Tantas veces ha sido pervertido que no tiene sentido ni mencionarlo ya. Pero lo mencionan cuando se trata de echar balones fuera y culpar del desengaño al otro justificando así la infidelidad cometida.
En este punto hay que decir que si hay un Pacto Antitrnsfuguismo es porque existe el transfuguismo. Es de perogrullo. Lo que me lleva a preguntarme cómo puede existir el transfuguismo cuando la democracia es, por definición, el gobierno del pueblo. Es decir, como pueden existir tránsfugas que pasan de un partido a otro o que abandonan un partido cuando el pueblo lo ha elegido precisamente dentro de un partido. Para esto no hace falta un pacto sino legislación pura y dura.
Otra cosa, me temo, es que lo que nos venden como democracia sólo aparenta serlo dejando el verdadero poder en manos de los profesionales del escaño. Así, no es verdad que seamos "nosotros", como pueblo elector, quien determina el signo de un gobierno porque, de mediar los acuerdos necesarios, esto se subvierte y punto pelota.
Pero lo más grave no es esto, que ya lo es suficiente, sino que, para quedar bien, como en Benidorm, se apela al propio pacto para "sacar" de las listas del partido a los tránsfugas y quedar como fieles observantes del ínclito pacto (primera bofetada para el partido de la oposición) y luego se da cabida de nuevo a los tránsfugas diciendo que los primeros en romper el pacto han sido los otros (segunda bofetada a la oposición).
Pero a mi, que digiero muy mal las ruedas de molino me resulta chocante que unos y otros se vean legitimados para romper un pacto que venía a reestablecer la verdadera esencia democrática que, curiosamente, no está amparada por la ley en un país llamado democrático a bombo y platillo. Ambos partidos se ven con la autoridad moral para echar las culpas al otro de que, al final, en cualquier pueblo o ciudad o provincia o comunidad, pueda gobernar el partido que no fue elegido para hacerlo. Y a esto le llaman democracia. Bueno, son los mismos que llaman al Estado español "monarquía parlamentaria", los mismos que, como el más adulador de los adúlteros nos traen flores cuando quieren cubrir con su aroma el perfume del desengaño.
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