Cuando después de algún día chungo de trabajo (no me puedo quejar pero a veces las miserias de la administración pública me ponen los nervios como cuchillas Gillette) llego a casa, veo a mi mujer y a mi hijo (mi pequeño paraíso), me pongo cómodo, preparo la cena (mi mujer lucha con el enano por que se coma la cena venciendo al sueño), recojo los cacharros, los friego (el lavavajillas se ha roto), preparo la mesa y las cosas para el cole del día siguiente, cenamos (¡al fin!) y terminamos de ver el capítulo 126 de Bob Esponja o de iCarly antes de que Morfeo atrape a mi hijo, entonces cojo el mando de la tele y empiezo una peregrinación caótica y absurda por todos los canales emocionado como si fuese a encontrar el Santo Grial del prime time. Pero no, lo normal es encontrarme con programas del corazón (los deben llamar así porque cuando los ves estás al punto del infarto de miocardio), realities o series más cansinas que matar un cerdo a pellizcos donde los ordenadores no se cuelgan nunca y van más rápidos que Farruquito por la M30. También puedes encontrar películas de serie B de los ochenta dentro de espacios que tienen los cojones de llamar "El taquillazo" o "El peliculón de la semana" y se quedan tan panchos. O puedes darte de bruces (¿de ojos?) con producciones propias que llevan anunciando en la cadena (¡Próximamente!) desde antes de hacer el casting de actores y que suelen ser históricas (bueno por clasificarlas en algún sitio) y con más sangre que Tarantino haciendo morcillas. "Hispania", "Aguila Roja", etc. tienen, no obstante, algo que hay que concederles e incluso aplaudirles, y es que mantienen el record imbatido todavía por nadie (ni siquiera por Holywwod, que ya es decir) de los mayores anacronismo, inconsistencias argumentales y tonterías por metro de cinta grabada. Si es que cuando nos ponemos, nos ponemos.
Otros de los programas típicos de la parrilla son los debates. Los hay más variados que los botellines de cerveza. Los hay serios, bueno, pseudoserios, los hay del colorín, los hay deportivos,... Incluso hay un programa que aglutina a todos ellos saltando de la movida de la madre de la Campanario con la SS (Seguridad Social, no Schutzstaffel) a la conveniencia de las reformas estructurales marcadas por el FMI para Grecia e Irlanda y después a la operación de pechos de la novia de Ronaldo. Claro, lo has adivinado. EL programa de AR. Por cierto, ¿AR?¿CR7?¿ZP?¿C3PO?¿R2D2? Luego critican los SMS de los chvls. ¿Y estos? ¿Es que han perdido las letras o es que hablan ya como Fraga?
Los principios de cualquier cadena de televisión son (por algún lado lo he leído/oído) los de entretener, informar y educar. Por cierto, los mismos que se recogen para la biblioteca pública en el Manifiesto de la UNESCO de 1994. Curioso. Lo que pasa es que en vez de entretener, atocina; en vez de informar, confunde; y en vez de educar, atonta.
Si por entretener se supone un estado cercano a la catatonia en el que el espectador se limita a contemplar impasible una serie de secuencias propias de una despedida de soltero o de una reunión de colegas pasados de birras, ¡chapeau! ¡Objetivo cumplido!
Si también se entiende por entretenimiento el humor tipo Jaimito, los chistes propios de Arévalo en una tarde mala y los gags repetidos hasta el vómito, ¡chapeau, también!
Si entretener es también asistir a una especie de reunión de propietarios de mala vecindad en la que se airean sus miserias personales o el voyeurismo morboso de espiar por la ventana la convivencia explosiva de varias personas con déficit de sinapsis neuronales y superávit de hormonas, pues vale ¡conseguido!
Si por otra parte, informar es repetir en secuencia incansable titulares de noticias sin contraste informativo, sin indagación de causas, sin contexto o plegarse servilmente a los dictados del pagador ¡Misión cumplida! Si informar es dar la noticia desde Tokio cuando el suceso se ha producido en Basora o hacer un copy/paste grosero de una noticia de agencia ¡OK! Si informar es dedicar el 60% del noticiero a la pretemporada del Real Madrid, al fichaje del Kun o a la concentración de la Selección en Calasparra dedicando el resto a todas las movidas que sucedena diario en el mundo (que no son pocas, desgraciadamente), ego scientia.
Si educar es poner a todas horas, en una cadena dedicada al público infantil, a los Little Einsteins (¿por qué little en vez de pequeños?), la Casa de Mickey Mouse o a Mani Manitas con su espanglish de camarero de Benidorm, ¡target conseguido!, digo, ¡objetivo achieved! (¡¡maldito Mani!!)
La verdad es que, al final, va a tener razón Groucho Marx cuando decía que la televisión es muy educativa porque cada vez que alguién la encendía, él se retiraba a otra habitación y leía un libro.
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