viernes, 25 de noviembre de 2011

Mayoría minoritaria

Cuando se alude al término “democracia” se pretende conceptualizar con él el gobierno de la mayoría, de la opción política mayoritaria decidida en libertad y mediante un sistema electoral representativo que asegure que lo que se obtiene como resultado es el reflejo exacto de la voluntad popular (del pueblo, demos).


Para poner un ejemplo, si un grupo de colegas (pongamos que son diez) se juntan en una plaza y someten a votación ir de botellón o ir de pubs (el resto de opciones –ir al museo, ir a un concierto de música clásica, jugar al ajedrez- no los contabilizamos por minoritarias), irán de botellón si hay un mayor número de colegas con ganas de pillar una buena tajada o de pubs si la opción de mayor número es la de ir de finolis a los pubs más trending topic. Lo que no cuadraría en esta movida es que sólo dos eligieran ir de “pafetos” y encima lo consiguieran y, no contentos con este juego trilero de las elecciones, dijesen que su grupo de amigos (de diez amigos, no olvidemos) son muy de ir de pubs y que reniegan del mundo del botellón. ¿A que no tendría mucho sentido? Lo normal en estos casos es que los dos finolis se llevaran dos collejas mazapaneras y terminaran, como el resto, echando la pota en el parking del Carrefour donde ha hecho el botellón el grupo. Además, seguro que el más leído del grupo hubiera dicho aquello de “vamos a votar democráticamente” dando por zanjada cualquier defección posterior.


Sin embargo, alejados del suburbial mundo del Larios con Pepsi o del kalimotxo con Marqués del Tetra Brick, los representantes populares (es decir del pueblo, no sólo los del PP) se creen con el derecho de dirigir, gestionar y decidir el futuro de sus pueblos a pesar de haber obtenido una representatividad paupérrima y absolutamente alejada de la realidad electiva nacional convirtiendo así los gobiernos democráticos no en el gobierno de la mayoría sino en el de la minoría bien colocada.


Por poner un ejemplo que no tenga nada que ver con el de las últimas elecciones, no vaya a ser que creáis que lo digo porque no comulgo mucho con las tesis de la derecha, si en unas elecciones cualquiera, con un índice de participación del 65%, la opción política “mayoritaria” A obtuviera el 40% de los votos, correspondiendo el resto del reparto a B (20%), C (15%), D (10%), E (8%) y F (7%), se diría que la opción A ha ganado las elecciones y al día siguiente los titulares de los medios, siempre fieles al espectáculo, dirían que “el país vota A”, “el pueblo quiere A”, “la mayoría dice A” y cosas por el estilo. Pero, sin entrar en detalles matemáticos de la Ley d’Hont ni en cuestiones de circunscripciones electorales que lo hacen más complicado y haciendo el cálculo más elemental vemos que:

  • Pueblo (demos) son también, no lo olvidemos, aquéllos que no pueden votar por cualquier circunstancia pero que se verán afectados por las decisiones políticas que se deriven de las elecciones. Esos ni siquiera cuentan en los porcentajes de elección democrática

  • Un 35% de las personas con capacidad de emitir su voto, no lo hicieron. No votaron ni A ni B ni C ni a ninguna otra opción. Un bocado nada desdeñable del conjunto poblacional pues supone más de la tercera parte de los posibles votantes.

  • La suma de las opciones no ganadoras supera ampliamente a la opción ganadora de las elecciones lo que implica que un 60% del 65% que votó en las elecciones no eligió la opción A.

De esto se deduce que en un sistema electoral como el nuestro, la opción que se denomina o autodenomina “mayoritaria” no sólo no lo es sino que a duras penas alcanza, como en el ejemplo, una representatividad superior al 20% del segmento de la población con capacidad de voto. Es decir, hay casi un 80% que no ha elegido esa opción y eso descontando a aquellos que por diversas razones no están legitimados para votar.


Así pues, hacen falta dos cosas: la primera es un cambio en la ley electoral en la búsqueda de un sistema más representativo de la realidad electiva; la segunda, una visión más realista por parte de todos de lo que obtenemos con este sistema.


Quizá la clase política se haya dado cuenta de que se les empieza a ver el plumero y por eso están pensando en bajar la edad legal para votar a los 16 años. Ya me veo a los “líderes” de los distintos partidos prometiendo subvenciones para el Marqués de Tetra Brick y creando la Subdirección General del Acné y el Cuerpo Facultativo de Pajilleros. Todo sea por seguir conservando esta mayoría tan minoritaria.



Ver http://blogs.publico.es/dominiopublico/4282/¿donde-esta-el-tsunami/

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Europe, it's the final countdown (for us)

Decía en otro post anterior que hay que ver las señales, los indicios de un futuro que, no por indeterminado, no pueda ser de algún modo previsto en sus características más esenciales de seguirse la tendencia que sugieren las propias señales vistas.

Por no irnos muy lejos, el 20 de febrero de 2005 se celebró en España el referéndum sobre el Tratado de Constitución Europea que fue aprobado con más de un 75% de votos a favor pero con una participación que no llegó al 45% en una campaña que tuvo que ser denunciada por la parcialidad del Gobierno de entonces a favor del sí (el lema de esta campaña era “Los primeros con Europa”) y que fue muy criticada por la falta de información al respecto del texto constitucional, la nula participación ciudadana en la redacción o la necesidad de votar a favor o en contra de la totalidad (la pregunta del referéndum fue "¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa?"). por cierto, los defensores del sí al texto constituyente fueron el PP, el PSOE, CiU y el PNV ¿Qué raro, no?

Meses después, y supongo que alentados por el pírrico sí español, se celebró otro referéndum de igual signo en Francia. El 29 de mayo y con más de un 70% de participación (casi el doble que en España), los franceses dijeron que no al texto de la Constitución Europea. A fin de enmendar el yerro, se intentó hacer lo propio en los Países Bajos el 1 de junio de ese mismo año con idéntico resultado (que no) y con una participación también cercana al 70%.

Así que, con estos mimbres, que hizo el Parlamento, la Comisión y el Consejo Europeos ¿dar por finalizada la aventura constitucional?¿Ponerse a trabajar en un nuevo texto constituyente en el que se tuviera en cuenta la voz de los ciudadanos europeos? No, ni por asomo. El resto de países miembros sustrajeron la posibilidad de referéndum a sus ciudadanos y aprobaron la CE en sede parlamentaria. Pero como iba a estar muy feo pasarse pour l'arc de triomphe lo que para tres veces que preguntaron, dos le respondieron que no y en la tercera le dieron un sí por lo bajini, pues se inventan un nuevo Tratado y allons enfants de la Patrie. Fue así como nació el Tratado de Lisboa que viene a ser como el Bimanán, un sustitutivo.

Así, sin ir más lejos (que podríamos) podemos situar en este año el acoso y derribo a la democracia europea por parte de la propia Unión Europea. Habrá quien defienda las medidas tomadas por la imposibilidad de realizar consultas en todos los estados miembros o por el retraso que supondrían las sucesivas tramitaciones consultivas en cada estado miembro. Esos son los que se autoproclaman europeístas y se atreven a acusar a otros de antieuropeos en un calco muy al estilo del patrioterismo made in USA (in God we trust). Sin embargo esa, y no otra, sería la verdadera Unión, la del consenso de todos, la de la búsqueda de fórmulas comunes, la del acuerdo mutuo y si no existe tal acuerdo (algo que no me parece descabellado, por cierto) pues cada uno por su lado y aquí paz y después gloria. Pero no, hay que meterlo todo con calzador y eso huele mal.

Andando el tiempo político y después de decisiones y normativas europeas, después de suculentos retiros políticos al edén de Luxemburgo, después de la endogamia y las casi-herencias políticas en las instituciones europeas, los cobros de Business class y los viajes en Ryanair, los empadronamientos lejanos para arañar unos eurillos más a las arcas europeas, etc, etc, nos encontramos inmersos en una crisis económica que lleva a todo el mundo de cabeza, de la que no se atisba el más turbio horizonte y que deja a más gente en el paro que en las trincheras de Verdun mientras sus señorías aumentan en número y, por ende, en gasto público gracias al propio Tratado de Lisboa. Y ¿cuáles han sido las medidas más ampliamente tomadas frente a este desaguisado monumental? Los recortes sociales, las bajadas de sueldos a los empleados públicos, la congelación de las pensiones, el recorte en gastos de educación o sanidad, la subida del IVA y paro que me pongo de mala leche. Sin embargo sigue existiendo un fraude fiscal descomunal cuyo mayor porcentaje corresponde a las grandes empresas y a las grandes fortunas, paraísos fiscales adonde van a parar los “ahorros” de unos cuantos indeseables y de grupos empresariales de exquisita reputación internacional. Ingenierías contables para eludir el pago de impuestos y paro que me vuelvo a poner de mala leche.

Por otro lado, todo está supeditado al dictado de los poderes económicos o financieros. Todo se hace con un claro objetivo económico y de mercado o viceversa y, por tanto, todo tiende a la consecución de una mayor cuenta de resultados o de un mayor beneficio. Pero ¿de quién? ¿de los europeos? ¿de los españoles? ¿de los griegos? ¿quizá de los alemanes? Pues no, de ellos no. O sí pero no de ellos como conjunto poblacional sino de algunos españoles, algunos griegos, algunos alemanes, etc. De esos que se conocen como inversores, como mercado y que no son otra cosa que especuladores.

Por ello los mercados, los inversores o como quiera cualquiera definir esta antitesis del pueblo, de la gente corriente o de los tax payers son los que impelen a ZP y a Don Mariano a firmar una reforma constitucional sin consulta popular (después del resultado de 2005 no se la iban a jugar). Por cierto, el Rey que se dice de todos los españoles refrendó tal reforma haciéndose un poco más Rey de los mercados y los banqueros que de todos los españoles que verán cómo el pago de la deuda tendrá prioridad sobre cualquier otro gasto en los presupuestos de las distintas administraciones (bueno viniendo de Juanchi no me extraña ese proceder). También son estos los que deponen un Presidente elegido democráticamente por otro de su cuerda sin consulta previa al poder soberano saltándose a la torera el propio mandato constitucional o los que se sacan una directiva de la chistera según la cual el Consejo Europeo (¿o es la Comisión? Bueno da igual) podrá revisar los presupuestos de los estados miembros antes de ser enviados a sus respectivos parlamentos, es decir que el Bundenstag o los componentes del Consejo (¿la Comisión?) podrán decidir sobre el gasto en pupitres o en pizarras de los portugueses antes que los propios portugueses. Que alguien me diga si no es para cantar un fado. Menos mal que al menos tenemos a Nigel Farage en el Parlamento Europeo.

Por eso, también, desde que Don Mariano, gracias a la inestimable colaboración del PSOE en pleno, ha conseguido mayoría absoluta, Merkel[1], S&P, Fitch, el círculo de empresarios y el lobby de porteras de Fuencarral se han apresurado como buitres al olor de la putrefacción a marcarle el camino al tenaz gallego. Pero tranquilos que Don Mariano se lo sabe de memoria y no se va a perder.



[1] Por cierto, Merkel era Presidenta del Consejo Europeo cuando se procedió a aprobar el tratado de Lisboa que sustituía al intento fallido de Constitución Europea. En sus alegatos a favor de este nuevo tratado dijo cosas tan suculentas como “Los Veintisiete necesitan reglas razonables que estén a la altura del nuevo tamaño de la UE y le permitan hacer frente a los nuevos desafíos, reglas que nos capaciten para la acción, porque sabemos que con las reglas actuales la UE no puede ser ampliada ni está capacitada para tomar algunas decisiones necesarias.”

lunes, 7 de noviembre de 2011

La crisis al pelo

Llevo tanto tiempo callado en el blog porque no termino de salir de mi asombro ante la arrolladora y frenética secuencia de acontecimientos que se están sucediendo últimamente. Parece ser que todos están relacionados directa o indirectamente con la crisis. Vamos que es como si la crisis fuese el comodín perfecto para colocarle todos los sambenitos del mundo mundial; el niño chico que se la carga por cualquier plato roto. Y no es que la crisis no sea perniciosa y mala de la muerte pero no va a ser la culpable de todos los males humanos ni de la desaparición de los dinosaurios y otras cosas por el estilo. Yo creo que es más bien la coartada perfecta para cometer latrocinios y vilezas de alto, mejor, de altísimo nivel. Y a los hechos me remito.

Basta mirar (sin someterlos a un análisis profundo, no vaya a ser que nos de un ictus) la página principal de los tres diarios electrónicos (excepto Marca, claro que en esto y en edición impresa es el rey y prefiero no inferir nada de este dato) para hacernos una idea de cómo sirve la crisis de pantalla de otras intenciones latentes y, a mi juicio, concienzudamente ocultas.

El País señala en un titular que “Un exjefe del BCE se perfila como nuevo primer ministro griego”. El Mundo, a su vez titula un principal como “España podría ser multada con hasta 1.000 millones de euros por su elevado paro”. Y ABC, por su parte, que “Los mercados golpean a Berlusconi y la prensa italiana apunta a su dimisión”.

En el primer artículo de El País, se informa de la posibilidad (muy posible) de que Lukas Papademos sustituya a Yorgos Papandreu al frente del gobierno de Grecia. Este señor encargado de negociar el segundo rescate a Grecia es un exbanquero y exvicepresidente del BCE y llegaría, de esta forma, al gobierno heleno sin haber sido elegido por ninguno de los griegos salvo dos, Papandreu y Samaras, líder de la oposición. Así, en un abrir y cerrar de ojos hemos pasado de la posibilidad de preguntar al pueblo heleno si les parecen bien o mal las condiciones del nuevo rescate a colocar sin preguntar a un banquero para que pacte sí o sí esas condiciones.

A mi esto me trae un aire a la reforma constitucional que se sacaron de la manga en España PP y PSOE porque era supermeganecesaria y no cabía preguntar al pueblo porque qué sabemos nosotros de esas cosas tan difíciles.

Cuando en una democracia se deja de preguntar al pueblo y se le trata como a un nenito de pañales es que se está buscando otro sistema que rebaje la soberanía del pueblo. Se empieza por amagar los refrendos y se termina por decretar órdenes.

El segundo artículo de El Mundo suena más a chiste o a artículo de 28 de diciembre que a información veraz y seria pero parece ser que es esto último. O sea que en un país desgarrado por el desempleo con miles (¿millones?) de familias en bancarrota y unas tasas de dramas humanos sólo sobrepasados por los países del África subsahariana resulta que a no sé quién (prefiero no saberlo para no ponerle cara a aquel sobre quien dejo caer todos los tormentos del infierno) se le ocurre que hay que multar a España por haber alcanzado esos niveles de desempleo. Y España ¿qué es? ¿Un ente supranacional? ¿Un organismo autónomo? ¿Una persona jurídica? ¿O lo formamos todos los españolitos y españolitas, amén de los inmigrantes (e inmigrantas que diría la señorita Bibiana) que tenemos la desgracia de sufrir a nuestros politiquillos de tres al cuarto? De esos 1.000 millonacos ¿no será también paganini cada uno de los cinco millones de parados que existen? O sea que encima de puta, apaleada. Y digo yo, así, sin pensar mucho y sin ser un best in class que, evidentemente, no lo soy ni lo pretendo, digo yo, ¿no sería mejor emplear ese mantecado de euros en reactivar el empleo o en dárselo directamente a los parados que están caninos en vez de ir a parar a las arcas de la gran madre Europa y que finalmente se destinen a la recapitalización de los bancos o a salvar a los griegos a los que no se les ha preguntado si quieren que se les salve? Parece ser que no. Daños colaterales de la crisis.

En tercer lugar, el artículo de ABC es todo un clásico de las películas de cine negro, “Berlusconi returns”. Señala el tabloide (si es una url ya no se le puede llamar así ¿no?) que la crisis (en realidad, la desconfianza de los mercados) deja a Berlusconi al borde de la dimisión. Este señor que se ha pasado por el Foro Romano toda la decencia política y personal, que se lo ha montado en plan mafioso de club nocturno, que ha utilizado las instituciones italianas en beneficio propio, que se ha reído en la cara de sus propios compatriotas no dimite por esas causas que suponen, cuando menos, un delito penal sino por que “los mercados” no están contentos con cómo maneja la crisis.

Si al final dimite por esto, ¿se le seguirá encausando por el resto de delitos que sin duda ha cometido?

A mí me da que todo está conectado y que la crisis sirve de interruptor ¿qué, que no?