miércoles, 23 de noviembre de 2011

Europe, it's the final countdown (for us)

Decía en otro post anterior que hay que ver las señales, los indicios de un futuro que, no por indeterminado, no pueda ser de algún modo previsto en sus características más esenciales de seguirse la tendencia que sugieren las propias señales vistas.

Por no irnos muy lejos, el 20 de febrero de 2005 se celebró en España el referéndum sobre el Tratado de Constitución Europea que fue aprobado con más de un 75% de votos a favor pero con una participación que no llegó al 45% en una campaña que tuvo que ser denunciada por la parcialidad del Gobierno de entonces a favor del sí (el lema de esta campaña era “Los primeros con Europa”) y que fue muy criticada por la falta de información al respecto del texto constitucional, la nula participación ciudadana en la redacción o la necesidad de votar a favor o en contra de la totalidad (la pregunta del referéndum fue "¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa?"). por cierto, los defensores del sí al texto constituyente fueron el PP, el PSOE, CiU y el PNV ¿Qué raro, no?

Meses después, y supongo que alentados por el pírrico sí español, se celebró otro referéndum de igual signo en Francia. El 29 de mayo y con más de un 70% de participación (casi el doble que en España), los franceses dijeron que no al texto de la Constitución Europea. A fin de enmendar el yerro, se intentó hacer lo propio en los Países Bajos el 1 de junio de ese mismo año con idéntico resultado (que no) y con una participación también cercana al 70%.

Así que, con estos mimbres, que hizo el Parlamento, la Comisión y el Consejo Europeos ¿dar por finalizada la aventura constitucional?¿Ponerse a trabajar en un nuevo texto constituyente en el que se tuviera en cuenta la voz de los ciudadanos europeos? No, ni por asomo. El resto de países miembros sustrajeron la posibilidad de referéndum a sus ciudadanos y aprobaron la CE en sede parlamentaria. Pero como iba a estar muy feo pasarse pour l'arc de triomphe lo que para tres veces que preguntaron, dos le respondieron que no y en la tercera le dieron un sí por lo bajini, pues se inventan un nuevo Tratado y allons enfants de la Patrie. Fue así como nació el Tratado de Lisboa que viene a ser como el Bimanán, un sustitutivo.

Así, sin ir más lejos (que podríamos) podemos situar en este año el acoso y derribo a la democracia europea por parte de la propia Unión Europea. Habrá quien defienda las medidas tomadas por la imposibilidad de realizar consultas en todos los estados miembros o por el retraso que supondrían las sucesivas tramitaciones consultivas en cada estado miembro. Esos son los que se autoproclaman europeístas y se atreven a acusar a otros de antieuropeos en un calco muy al estilo del patrioterismo made in USA (in God we trust). Sin embargo esa, y no otra, sería la verdadera Unión, la del consenso de todos, la de la búsqueda de fórmulas comunes, la del acuerdo mutuo y si no existe tal acuerdo (algo que no me parece descabellado, por cierto) pues cada uno por su lado y aquí paz y después gloria. Pero no, hay que meterlo todo con calzador y eso huele mal.

Andando el tiempo político y después de decisiones y normativas europeas, después de suculentos retiros políticos al edén de Luxemburgo, después de la endogamia y las casi-herencias políticas en las instituciones europeas, los cobros de Business class y los viajes en Ryanair, los empadronamientos lejanos para arañar unos eurillos más a las arcas europeas, etc, etc, nos encontramos inmersos en una crisis económica que lleva a todo el mundo de cabeza, de la que no se atisba el más turbio horizonte y que deja a más gente en el paro que en las trincheras de Verdun mientras sus señorías aumentan en número y, por ende, en gasto público gracias al propio Tratado de Lisboa. Y ¿cuáles han sido las medidas más ampliamente tomadas frente a este desaguisado monumental? Los recortes sociales, las bajadas de sueldos a los empleados públicos, la congelación de las pensiones, el recorte en gastos de educación o sanidad, la subida del IVA y paro que me pongo de mala leche. Sin embargo sigue existiendo un fraude fiscal descomunal cuyo mayor porcentaje corresponde a las grandes empresas y a las grandes fortunas, paraísos fiscales adonde van a parar los “ahorros” de unos cuantos indeseables y de grupos empresariales de exquisita reputación internacional. Ingenierías contables para eludir el pago de impuestos y paro que me vuelvo a poner de mala leche.

Por otro lado, todo está supeditado al dictado de los poderes económicos o financieros. Todo se hace con un claro objetivo económico y de mercado o viceversa y, por tanto, todo tiende a la consecución de una mayor cuenta de resultados o de un mayor beneficio. Pero ¿de quién? ¿de los europeos? ¿de los españoles? ¿de los griegos? ¿quizá de los alemanes? Pues no, de ellos no. O sí pero no de ellos como conjunto poblacional sino de algunos españoles, algunos griegos, algunos alemanes, etc. De esos que se conocen como inversores, como mercado y que no son otra cosa que especuladores.

Por ello los mercados, los inversores o como quiera cualquiera definir esta antitesis del pueblo, de la gente corriente o de los tax payers son los que impelen a ZP y a Don Mariano a firmar una reforma constitucional sin consulta popular (después del resultado de 2005 no se la iban a jugar). Por cierto, el Rey que se dice de todos los españoles refrendó tal reforma haciéndose un poco más Rey de los mercados y los banqueros que de todos los españoles que verán cómo el pago de la deuda tendrá prioridad sobre cualquier otro gasto en los presupuestos de las distintas administraciones (bueno viniendo de Juanchi no me extraña ese proceder). También son estos los que deponen un Presidente elegido democráticamente por otro de su cuerda sin consulta previa al poder soberano saltándose a la torera el propio mandato constitucional o los que se sacan una directiva de la chistera según la cual el Consejo Europeo (¿o es la Comisión? Bueno da igual) podrá revisar los presupuestos de los estados miembros antes de ser enviados a sus respectivos parlamentos, es decir que el Bundenstag o los componentes del Consejo (¿la Comisión?) podrán decidir sobre el gasto en pupitres o en pizarras de los portugueses antes que los propios portugueses. Que alguien me diga si no es para cantar un fado. Menos mal que al menos tenemos a Nigel Farage en el Parlamento Europeo.

Por eso, también, desde que Don Mariano, gracias a la inestimable colaboración del PSOE en pleno, ha conseguido mayoría absoluta, Merkel[1], S&P, Fitch, el círculo de empresarios y el lobby de porteras de Fuencarral se han apresurado como buitres al olor de la putrefacción a marcarle el camino al tenaz gallego. Pero tranquilos que Don Mariano se lo sabe de memoria y no se va a perder.



[1] Por cierto, Merkel era Presidenta del Consejo Europeo cuando se procedió a aprobar el tratado de Lisboa que sustituía al intento fallido de Constitución Europea. En sus alegatos a favor de este nuevo tratado dijo cosas tan suculentas como “Los Veintisiete necesitan reglas razonables que estén a la altura del nuevo tamaño de la UE y le permitan hacer frente a los nuevos desafíos, reglas que nos capaciten para la acción, porque sabemos que con las reglas actuales la UE no puede ser ampliada ni está capacitada para tomar algunas decisiones necesarias.”

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