lunes, 23 de mayo de 2011

Estadística electoral

Decía Borges que la democracia es un abuso de la estadística y tenía toda la razón. En política, la estadística no se usa sino que se abusa de ella y siempre con fines electorales y/o partidistas. Esto es así hasta tal punto que todos nos hemos limitado a creer en ellas de modo casi automático sin llegar a plantearnos que la estadística es la parte de las Matemáticas con mayor posibilidad de interpretación. Que me corrija mi prima Mónica si me he equivocado. En todo caso, en todo dato estadístico existe una buena carga interpretativa que es necesrio tener en cuenta para no tomarlo como dogma de fe o verdad irrefutable. Ejemplos hay muchos y ahora veremos uno con detalle pero tengamos en cuenta también las encuestas de intención de voto y de otro tipo que suelen no coincidir nunca con los resultados finales. ¡Maldita Estadística!

El ejemplo al que me refería anteriormente es el de los resultados electorales. Parece que a simple vista es imposible interpretar los datos de otro modo que el que han resultado del escrutinio de las urnas pero... La estadística lo permite (casi) todo.

Tomemos el ejemplo de las elecciones municipales y autonómicas de ayer (más a huevo, imposible). Los datos puros son los siguientes:





  • Votos contabilizados: 22.971.350 (66,23%)


  • Abstenciones: 11.710.762 (33,77%)


  • Nulos: 389.506 (1,7%)


  • Blancos: 584.012 (2,54%)


Los votos se repartieron como sigue:





  • PP: 8.474.031 (37,53%)


  • PSOE: 6.276.087 (27,79%)


  • IU: 1.424.119 (6,31%)


  • Otras formaciones: 6.797.113 (28,37%)


De acuerdo con esto, los medios de comunicación han lanzado titulares como "España vota cambio" (ABC), "El PP barre a los socialistas" (El País), por citar a los dos medios escritos más importantes. Ahora bien, si analizamos los resultados que son los que son, sin trampa ni cartón, observamos lo siguiente:





  1. El partido político (otros dicen "fuerza política") más votado lo ha hecho no con un 37,53% de apoyo sino con un 24%. Ya que el primer porcentaje lo es del total de votos emitidos pero en esta "interpretación" se ningunea la voluntad de quienes se han abstenido. Por lo tanto, casi 8 personas de cada 10 no querían que gobernara el PP.


  2. En el caso del PSOE es peor, claro, porque el 81,94% no quería que gobernara. Es decir, que sólo ha obtenido el respaldo del 18,06% de la población. Y eso que es el segundo partido más votado. No seguiremos con otros partidos porque el porcentaje sería mínimo.


  3. Sumando los porcentajes de los votos nulos y en blanco, es decir de aquellos con intención clara y directa de sacarles los colores a los gobernantes, esta "fuerza" se situaría entre las cinco primeras, por delante incluso de UPyD. Si además sumamos los abstenidos (11.710.762 votantes) dentro de esta misma "fuerza", la cosa se dispara.


  4. Los que se han abstenido, por su parte, superan ampliamente al partido ganador de los comicios configurando un 33,77% real sobre el número total de votantes y no el 37,53% del PP que lo es sólo del 66% de votos emitidos. El real es un 24%, ¡casi nueve puntos por debajo de la opción de la abstención!


Se pueden sacar más lecturas o interpretaciones de todo esto pero, a fin de cuentas, se demuestra que la interpretación estadística de los datos siempre está hecha desde y para el poder político pero no para los ciudadanos. Así, mientras nos dicen que "España vota cambio", más de las 3/4 partes de España no querían ese cambio y el 60% de este país no quería a ninguno de los dos partidos, ni el que hay ni el de re-cambio. Pero nunca interpretarán esto así y es la prueba de que no nos representan.

Fluido argumental

El político, entre otras cualidades que no voy a enumerar ahora, debe tener una que es principal y que está en el primer epígrafe del primer capítulo de todo manual de política práctica. Hablo del don de la oportunidad, entendido como la capacidad de argumentar cualquier circunstancia en beneficio propio. Así, si Obama gana las elecciones en EE.UU., unos dirán que la sociedad ha reaccionado contra el liberalismo y otros que la sociedad defiende el liberalismo si bien de modo más moderado. Si la economía y las finanzas se sumergen en una crisis de ámbito mundial gracias a las políticas globales, unos lo utilizarán como eximente de todas sus incapacidades y los otros ningunerarán la crisis mundial para centrarse en la crisis local, como si una no fuese consecuencia de la otra. Que miles de ciudadanos indignados acampan en una céntrica plaza de la capital de un país reclamando más democracia, más justicia, más participación o más trabajo, pues unos dirán que son renegados del grupo en el poder y otros que son descontentos con el neoliberalismo sistémico imperante. Habrá incluso (¡oh, hados de la iluminación!) que dirán que son de HB o de Bildu (¿ein?). Y además, todos argumentarán sus tesis haciendo bueno el análisis parcial en vez del global, centrándose en la parte en vez de en el todo o, como dirían los escolásticos, en el accidente en vez de en la esencia.

Pues bien, este don de la oportunidad conocido entre el pueblo llano como "arrimar el ascua a tu sardina" suele tener su día de gloria en el siguiente al de unas elecciones de candidatos. Ya sean estas generales, autonómicas o locales (de las europeas mejor no hablar porque son un sainete en vez de unas elecciones), al día siguiente todos tienen su particular punto de vista de los resultados. Está el eufórico, el taimado, el agorero, el cabal o incluso el resignado pero nunca se verá al responsable, a aquel capaz de interpretar el porqué de su derrota o de su victoria. Es fácil ver, de acuerdo con esto, a gente lanzándose a la calle loca de alegría como si hubiésemos ganado otra vez la copa del mundo y a otra dándose palmadas en la espalda (estamos contigo en este trance, amigo). Esto es más propio de hooligans que de representantes populares. En otras palabras, son reacciones más propias de la competición deportiva que del terreno de las ideas. Yo no veo a Galileo saltando como un loco "¡¡Tooooma, la que gira es la Tierra!! ¡¡Chúpate esa!! o a los amigos de Einstein "Dame una E, dame un Igual, dame una M, dame una C (al cuadrado), reeeelatividad!!" Vamos que creo que son reacciones que demuestran cuál es la preocupación ideológica o filosófica de esta gente.

Si la política fuese lo que era en la Grecia clásica (no en Roma, donde ya apuntaba maneras) todos -no sólo los políticos, nosotros y nosotras también- deberíamos esforzarnos por comprender, por analizar no sólo nuestra derrota sino también nuestra victoria porque significaría el fracaso o el éxito de una idea, de una forma de entender la sociedad y por tanto el mundo en el que vivimos. Eso nos llevaría a aceptar las tesis contrarias a la nuestra, de demostrarse verdaderas o adecuadas, o a refutarlas con otras tesis argumentadas, de ser falsas.

Ya sabemos que esto no es así en la política actual. Lo que vence o es derrotado es un proyecto. No lo digo yo, lo dicen ellos mismos. Es decir, lo que nos venden (porque de eso se trata) es futuro (proyecto), variables de un entorno cambiante, inversión cortoplacista, activos de riesgo. Eso es todo: incertidumbre y promesas. No hay bases deontológicas o principios ideológicos declarados más allá de banalidades y generalidades. Por ejemplo (hay muchos más, pero sirva este botón clásico), todo político abomina de la palabra "corrupción" como de un tumor maligno pero nadie dice (y luego cumple, claro) que ante la más mínima duda razonable de "actos políticos impuros" cederá su mando, su escaño o lo que sea. Los casos de renuncia o dimisión son rara avis en la política aunque se pidan incluso a gritos en el Congreso, eso sí entre ambos lados del hemiciclo y con el mismo resultado en ambos casos.

En resumen, que todos los políticos y los grupos que los respaldan se afanan en acomodar sus argumentos a los resultados porque mientras que los últimos son lo que son, los argumentos de los políticos son maleables y adaptables como los fluidos. Así les será mucho más fácil adaptar las nuevas situaciones o circunstancias a un proyecto flexible y cambiante que a una estructura ideológica ferrea y cuya renovación sólo existe en su renacimiento.

viernes, 20 de mayo de 2011

El mayo de Madrid

Normalmente, los movimientos de protesta sociales no suelen tener su origen en un único punto discordante sino que vienen provocados por una situación general de desencanto, desmotivación y pérdida de confianza en los valores propuestos. En una sociedad bien asentada sobre valores y principios que garantizan la igualdad y la participación de todos y que permite un modo de vida equilibrado y justo, esos puntos discordantes se sitúan en el marco de la negociación y de la discusión, nunca en el del enfrentamiento a las instituciones.

Igual que en las relaciones personales, nadie rompe sus lazos afectivos con otra persona por una opinión contraria en un único aspecto, sino que esas relaciones devienen insoportables por la acumulación de aspectos confrontados que eliminan la confianza de uno en el otro.

El movimiento del 15-M no es ajeno a esto. No hay una única causa que lo haya provocado. No es el desempleo voraz ni los rescates bancarios ni las medidas económicas o financieras ni la escasez de ideas políticas ni la falta de liderazgo ni el neoliberalismo ni el calentamiento global ni las desigualdades e injusticias, sino todo esto y mucho más lo que lo ha provocado. Por eso son absurdas algunas de las reflexiones hechas por políticos de diferente ideología (si es que todavía existe eso) en las que tratan de dar una única respuesta al movimiento.

Hay quien ha dicho que se trata de votantes de izquierdas descontentos, hay quien se ha atrevido a señalar a los "antisistema" como los incitadores, hay quien los comprende pero no comparte sus métodos, hay quien dice que se trata de una crítica a los liberales. En fin, que es la propia clase política la que no tiene muy claro (o sí) de dónde deriva tanta indignación demostrando una vez más su cortedad de miras y su incapacidad de análisis. Incluso hay muchos politicos que animan a los manifestantes a llevar sus reivindicaciones por el camino del sistema de partidos, lo que ellos vienen a denominar sistema democrático. Pero ¿existe mayor representación del modelo democrático que miles de ciudadanos reclamando más justicia, más empleo, menos abusos de poder, más transparencia, mayor igualdad? Por definición de democracia, no.

Es harto significativo escuchar las declaraciones de esa clase política mientras gentes de todo tipo y condición están protestando pacíficamente precisamente contra esas formas de hacer política. O no se enteran o no se quieren enterar. Cualquiera de las dos cosas dice muy poco de su capacidad para representar al pueblo.

En mayo del 68, París vivió una serie de movilizaciones de gente descontenta con el sistema como modelo de convivencia general dentro de un contexto económico, político y social que indignó a mucha gente ante el paro creciente, el imperialismo, la creciente sociedad de consumo, el maoísmo, el marxismo, la ultraderecha, las guerras de Indochina, Argeli y Vietnam, la política de De Gaulle, el desempleo, la influencia de los medios de comunicación, la bajada continua de los salarios y otras miles de causas.

Este mayo, en Madrid se han vuelto a movilizar las personas y si bien han cambiado algunos ismos y algunas guerras, las causas vienen a ser casi idénticas que en París. Si pudieran resumirse estas movilizaciones en una palabra, señores políticos, esa palabra sería "INDIGNACIÓN". Esa es la única posibilidad de resumir lo que pasa.

lunes, 16 de mayo de 2011

Who watches the watchman?

El otro día en la Sexta estuve viendo parte de un programa del Follonero (un tipo majo, la verdad) que trataba sobre los funcionarios. No sobre la función pública, sobre los funcionarios. EL contenido era, como siempre en este programa, cómico, desenfadado, sarcástico e irónico. Vamos, como todos los de Salvados.

Hombre, como programa informativo no daba la talla, la verdad, porque sólo se trataban algunos aspectos del sistema de función pública, los que dan más morbo a todos como el absentismo, la flexibilidad de horarios, los sueldos comparados, la falta de control, etc. Y se dejaban otros de lado como la pérdida de poder adquisitivo, las desigualdades, la corrupción política, la falta de motivación, los vacíos en la legislación aplicable, etc.

Un funcionario, y esto es algo que se debe tener en cuenta, es tanto el cirujano que opera a corazón abierto a un niño como el barrendero que se dedica a recoger las colillas del suelo, el policía que se juega la vida en un tiroteo con los atracadores de un banco y el administrativo que cumple plácidamente su jornada en una oficina con hilo musical y aire acondicionado. Y todos ellos se rigen, prácticamente, por un mismo estatuto con las mismas reglas, derechos y deberes.

Este puede muy bien ser uno de los problemas endémicos de la función pública. La legislación aplicable, salvo en determinados detalles, lo es para el cirujano, el barrendero, el policía y el administrativo. Esto es como si un mismo convenio lo fuese para el peón de albañil, el pescador de altura, el camarero de un hotel y el minero del cobre. Es muy difícil armonizar todos los aspectos legales que influyen en las condiciones de trabajo de todos estos profesionales sin incurrir en injusticias y absurdos. Sin ir más lejos, al margen de la normativa básica aplicable por el Estatuto Básico del Empleado Público, en mi Ayuntamiento existe un Convenio de Relaciones Socio-Laborales en el que en sus primeros artículos señala que “la jornada laboral ordinaria será de 8’00 a 15’00 horas”, pero esto no es aplicable a policías, inspectores de comercio, vigilantes de instalaciones deportivas, bibliotecarios, servicios técnicos, trabajadores sociales, técnicos de turismo, etc. Vamos que sólo es aplicable a menos del 40% de la plantilla, pero es la “jornada ordinaria”. El resto tiene que recurrir a los sindicatos o a acuerdos con el concejal de turno para establecer las condiciones de su jornada laboral ordinaria que no coincide con la que establece el Convenio. Y hablo sólo del convenio de un ayuntamiento y del aspecto que se refiere a la jornada laboral. Multiplíquese esto por todos los ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, hospitales, cuerpos de seguridad del estado y otros organismos públicos y por todas y cada una de las condiciones laborales que afectan a cada colectivo y se comprenderá el pollo monumental que existe.

Otro de los males endémicos de la función pública es, sin duda, la dependencia directa y exclusiva de estos trabajadores de la clase política dominante. Imagínate en una empresa que cada cuatro años, o antes si hay una moción de censura, cambiase de jefe y con él de ideas, de objetivos, de forma de trabajar, de planificación, de filosofía empresarial,.. ¡Sería el caos! Hay proyectos empresariales cuyos resultados se manifiestan a los cinco años, como pronto. Otros necesitan más tiempo. Y además, imagínate que la única forma que tiene el jefe de turno de conservar su puesto es la de caer simpático al dueño del capital de la empresa, sea este una persona o una Junta de Accionistas. Pues además, añádele a esto que el jefe tiene barra libre, o casi, para actuar, para gestionar los recursos porque no está sujeto al balance de resultados propio de la empresa privada y porque la propia ley le otorga autonomía jurídica para actuar de oficio. ¿Te lo imaginas? Pues eso es lo que pasa en cualquier administración.

Añade, además, el flujo incesante de dinero proveniente de subvenciones públicas cuyo control se limita, muchas veces, a la presentación de una memoria final sobre las actuaciones emprendidas o la capacidad de endeudamiento de las distintas corporaciones o administraciones o las contrataciones públicas al borde de la legalidad o los sueldos de asesores y personal de confianza de los políticos o sus dietas por la asistencia a comisiones y plenos, etc, etc, etc.

Con todos estos mimbres resulta que a quienes se les exige un cumplimiento exquisito de sus deberes es a los funcionarios de base. Y no digo que no deba ser así porque a fin de cuentas deben corresponder adecuadamente a una relación contractual como cualquier otro trabajador de la empresa privada. O más si cabe porque están al servicio de la sociedad. Lo que pasa es que cuando un funcionario que realiza sus funciones con celo y responsabilidad ve cómo su trabajo se va al traste porque el político responsable de su área no ha tenido en cuenta su valoración técnica de un asunto y lleva a cabo un proyecto suicida o cuando ve cómo sus funciones las realiza una empresa externa contratada al efecto porque existe una subvención para ello o ve cómo existen determinadas prebendas y privilegios para los amiguetes o ve cómo tiene que realizar funciones de superior categoría de modo sistemático porque hay un vacío en el organigrama, en definitiva, cuando ve que todo a su alrededor es un caos organizativo que deja en agua de borrajas los principios de eficacia y eficiencia que se le presuponen a la administración pública, pues cunde el desánimo, la desmotivación y, finalmente, la laxitud.

Es cierto que puede parecer una excusa pobre y que cada uno debemos de asumir la parte de culpa y de responsabilidad que nos toca, pero no es menos cierto que los problemas de la función pública no se solucionan con el control de los funcionarios porque ¿quién vigila al vigilante? O como dicen los ingleses Who watches the watchman?

Public enemy

Ser catalogado como “public enemy” por los Estados Undos viene a ser lo mismo que haber sido sentenciado a muerte. Si además vistes chilaba o turbante y hablas árabe, date por muerto. Así, es cuando menos extraño que todos los “public enemies” identificados por los Estados Unidos y coreados por el resto de países “occidentalizados”, terminen muertos o ajusticiados ¿No era un signo propio de las democracias occidentales el de someter a los responsables de actos delictivos a un juicio justo en el que se prueben fehacientemente sus actos y se aplique la pena correspondiente? “Bring them to Justice”, dicen ellos. Pero el caso es que pocos son llevados ante la Justicia. O acaban en un hoyo o…en Guantánamo, que para el caso es lo mismo.

¿No sería más deseable para todos haber sometido a un juicio justo a Sadam Hussein o a Osama Bin Laden y haber probado ante todo el mundo su implicación en el 11-S, la matanza de los kurdos, sus lazos con Al Qaeda o la posesión de armas de destrucción masiva? Bueno, esto último no iba a ser posible demostrarlo.

La Justicia lo es porque determina claramente y con pruebas objetivas e irrefutables aquello que sentencia. Tanto en el caso de Sadam como en el de Bin Laden, se ha hurtado o enajenado a toda la ciudadanía (y de paso a los amigos de la conspiración) la posibilidad de reconocer, sin ningún tipo de dudas, a los culpables de las atrocidades de lesa humanidad, a los asesinos, si lo fueron, de sus familiares y amigos.

Las pruebas las han dictado, y digo bien dictado, el gobierno americano y sus agencias y han sido seguidas de modo servil por el resto de países alineados en esta Guerra contra el Terror. Ha dado igual que se hayan demostrado falsas las acusaciones de posesión de armas de destrucción masiva en Irak (Ah, ¿Qué no había “massive destruction weapons”? Jejejej…, dijo Bush), que tampoco se haya podido demostrar, por imposible, los lazos entre Hussein y Bin Laden o que haya más de mil dudas razonables sobre la versión oficial del 11-S (¿por qué razón ajena a la física las Torres cayeron en caída libre? ¿Por qué no había ni restos del Boing que se estrelló contra el Pentágono? ¿Por qué los Bin Laden fueron los únicos viajeros que volaron tras el 11-S?, etc.). También ha dado igual la difícilmente digerible justificación de invadir un país entrando en guerra con él por el mero hecho de suponer que alberga a un criminal. ¿Va a entrar España en guerra con Venezuela por sospechar que alberga a terroristas de ETA? O lo difícil que es de entender que un tipo con turbante y una salud más frágil que la palabra de un político, sea capaz de poner en jaque desde una cueva en Afganistán a los ejércitos más poderosos del mundo con toda su tecnología punta y su virilidad freudiana porque esto lleva, consecuentemente, a dos únicas conclusiones: o recibía ayuda tecnológico-militar de terceros países o todo esto no era más que un bulo más fulero que el del perro Ricky Martin.

Es indigno ver, por otro lado, a toda una caterva de representantes públicos alegrarse hasta el regocijo de la muerte de un presunto terrorista cuando su obligación moral y política como demócratas y defensores de la separación de poderes de Montesquieu era ponerlos a disposición de la Justicia y exigir el fallo público de la sentencia, de una sentencia que, si todo fuera cierto, debería sustentar sus tesis y acabar con las dudas de todos.

Pero como todo lo que rodea la mal llamada Guerra contra el Terror viene a teñirse de un negro más opaco que las entendederas de un Ultra Sur, esta nueva etapa se suma a las informaciones imposibles de corroborar cuando no simple y llanamente ocultadas, los discursos vacíos, las justificaciones imposibles, los ejércitos humanitarios, las imágenes censuradas, los “pools” informativos y toda la parafernalia imprescindible para crear un estado de incomprensión, descontrol y finalmente inseguridad o puro miedo que, por un lado, justifica la inversión astronómica para la obtención de pingües beneficios empresariales y, por otro, convencer a la sociedad de ceder una parte de sus derechos sociales e individuales como contraprestación por la defensa de su vida.

Así, en esta maraña desinformativa, se nos dice que no van a mostrar imágenes del terrorista muerto para no herir sensibilidades y soliviantar ánimos. Bueno, al parecer sólo van a ver esas imágenes un grupo de elegidos, como en las “premier” de Holywood. Sin embargo, no mostraron la misma prudencia cuando se trató de difundir imágenes de las maldades de los “villanos” aunque para ello hiciera falta mentir o meter el PhotoShop con calzador. Ejemplos hay a porrillo como el cormorán bañado en petróleo de la 1ª Guerra del Golfo que resultaba ser una imagen del hundimiento y posterior vertido de crudo del Exon Valdez o las de las incubadoras kuwaitíes arrasadas por el ejército de Sadam cuya principal testigo resulto ser la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos. Hay muchos más ejemplos, sólo hay que buscarlos fuera de los canales de información habituales.

Tampoco está claro qué han hecho con el cuerpo del terrorista. No querían enterrarlo para no crear un santuario. Pues vale. La Iglesia Católica ha creado miles de santuarios a lo largo de su historia sin que se haya podido comprobar la existencia de los restos del santo o santa y ahí los tienes con todas sus indulgencias plenarias y su merchandising. Parece ser que lo quieren arrojar al mar pero tampoco lo tienen claro. Joder, parece una película cómica en la que los protagonistas cometen un asesinato pero luego no saben cómo deshacerse del cuerpo.

También resulta que no queda aclarado si el terrorista estaba desarmado, armado con arma blanca, se puso gallito o se cagó patas abajo. Ni si la mujer que lo acompañaba, supuestamente una de sus mujeres, que los árabes si que aplican bien la distribución sexual, se lanzó a por los Swat o quienes fueran, se cruzó en el camino de la bala o les preparó un te moruno. La primera versión dada fue que Bin Laden intentó defenderse y le dispararon, con tan buena puntería que le dieron dos tiros en toda la almendra. ¿Quién fue a capturarlo, Harry el Sucio? Además, ¿con qué quiso defenderse? ¿lanzando a los Marines o quienes fueran boñigas de cabra? ¡Que maldad la de este tipo!

Otra información que ha trascendido, no sabemos si cierta o incierta pero sospechosa en todo caso, es que toda la información para capturar a Bin Laden se obtuvo bajo torturas. Y ya está. Chimpún. Sale a la luz esta información y todo el mundo a callar. Bueno salvo tibias y timoratas quejas de algún gobierno occidental que quiere tener la excusa de ser muy defensor de los más básicos principios humanos. No se abre una investigación de los hechos, no se lleva a los responsables ante el TPI, entre otras cosas porque los EE.UU. sólo lo reconocen para juzgar a imputados o acusados extranjeros pero no para los americanos, no hay protestas en la ONU, ni siquiera los periodistas que cubren la noticia son capaces de opinar en contra de estas prácticas. El fin justifica los medios.

En definitiva, que se puede mentir, ocultar información, hacer propaganda, limitar o cercenar derechos civiles, acusar sin pruebas, eludir la Justicia, torturar y finalmente asesinar para conseguir un fin que, la verdad, a la mayoría se nos escapa por poco concreto, difuso y sospechoso.

Pero todo esto es la Guerra contra el Terror y nosotros estamos en el bando de los buenos. Pues qué suerte.