lunes, 16 de mayo de 2011

Public enemy

Ser catalogado como “public enemy” por los Estados Undos viene a ser lo mismo que haber sido sentenciado a muerte. Si además vistes chilaba o turbante y hablas árabe, date por muerto. Así, es cuando menos extraño que todos los “public enemies” identificados por los Estados Unidos y coreados por el resto de países “occidentalizados”, terminen muertos o ajusticiados ¿No era un signo propio de las democracias occidentales el de someter a los responsables de actos delictivos a un juicio justo en el que se prueben fehacientemente sus actos y se aplique la pena correspondiente? “Bring them to Justice”, dicen ellos. Pero el caso es que pocos son llevados ante la Justicia. O acaban en un hoyo o…en Guantánamo, que para el caso es lo mismo.

¿No sería más deseable para todos haber sometido a un juicio justo a Sadam Hussein o a Osama Bin Laden y haber probado ante todo el mundo su implicación en el 11-S, la matanza de los kurdos, sus lazos con Al Qaeda o la posesión de armas de destrucción masiva? Bueno, esto último no iba a ser posible demostrarlo.

La Justicia lo es porque determina claramente y con pruebas objetivas e irrefutables aquello que sentencia. Tanto en el caso de Sadam como en el de Bin Laden, se ha hurtado o enajenado a toda la ciudadanía (y de paso a los amigos de la conspiración) la posibilidad de reconocer, sin ningún tipo de dudas, a los culpables de las atrocidades de lesa humanidad, a los asesinos, si lo fueron, de sus familiares y amigos.

Las pruebas las han dictado, y digo bien dictado, el gobierno americano y sus agencias y han sido seguidas de modo servil por el resto de países alineados en esta Guerra contra el Terror. Ha dado igual que se hayan demostrado falsas las acusaciones de posesión de armas de destrucción masiva en Irak (Ah, ¿Qué no había “massive destruction weapons”? Jejejej…, dijo Bush), que tampoco se haya podido demostrar, por imposible, los lazos entre Hussein y Bin Laden o que haya más de mil dudas razonables sobre la versión oficial del 11-S (¿por qué razón ajena a la física las Torres cayeron en caída libre? ¿Por qué no había ni restos del Boing que se estrelló contra el Pentágono? ¿Por qué los Bin Laden fueron los únicos viajeros que volaron tras el 11-S?, etc.). También ha dado igual la difícilmente digerible justificación de invadir un país entrando en guerra con él por el mero hecho de suponer que alberga a un criminal. ¿Va a entrar España en guerra con Venezuela por sospechar que alberga a terroristas de ETA? O lo difícil que es de entender que un tipo con turbante y una salud más frágil que la palabra de un político, sea capaz de poner en jaque desde una cueva en Afganistán a los ejércitos más poderosos del mundo con toda su tecnología punta y su virilidad freudiana porque esto lleva, consecuentemente, a dos únicas conclusiones: o recibía ayuda tecnológico-militar de terceros países o todo esto no era más que un bulo más fulero que el del perro Ricky Martin.

Es indigno ver, por otro lado, a toda una caterva de representantes públicos alegrarse hasta el regocijo de la muerte de un presunto terrorista cuando su obligación moral y política como demócratas y defensores de la separación de poderes de Montesquieu era ponerlos a disposición de la Justicia y exigir el fallo público de la sentencia, de una sentencia que, si todo fuera cierto, debería sustentar sus tesis y acabar con las dudas de todos.

Pero como todo lo que rodea la mal llamada Guerra contra el Terror viene a teñirse de un negro más opaco que las entendederas de un Ultra Sur, esta nueva etapa se suma a las informaciones imposibles de corroborar cuando no simple y llanamente ocultadas, los discursos vacíos, las justificaciones imposibles, los ejércitos humanitarios, las imágenes censuradas, los “pools” informativos y toda la parafernalia imprescindible para crear un estado de incomprensión, descontrol y finalmente inseguridad o puro miedo que, por un lado, justifica la inversión astronómica para la obtención de pingües beneficios empresariales y, por otro, convencer a la sociedad de ceder una parte de sus derechos sociales e individuales como contraprestación por la defensa de su vida.

Así, en esta maraña desinformativa, se nos dice que no van a mostrar imágenes del terrorista muerto para no herir sensibilidades y soliviantar ánimos. Bueno, al parecer sólo van a ver esas imágenes un grupo de elegidos, como en las “premier” de Holywood. Sin embargo, no mostraron la misma prudencia cuando se trató de difundir imágenes de las maldades de los “villanos” aunque para ello hiciera falta mentir o meter el PhotoShop con calzador. Ejemplos hay a porrillo como el cormorán bañado en petróleo de la 1ª Guerra del Golfo que resultaba ser una imagen del hundimiento y posterior vertido de crudo del Exon Valdez o las de las incubadoras kuwaitíes arrasadas por el ejército de Sadam cuya principal testigo resulto ser la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos. Hay muchos más ejemplos, sólo hay que buscarlos fuera de los canales de información habituales.

Tampoco está claro qué han hecho con el cuerpo del terrorista. No querían enterrarlo para no crear un santuario. Pues vale. La Iglesia Católica ha creado miles de santuarios a lo largo de su historia sin que se haya podido comprobar la existencia de los restos del santo o santa y ahí los tienes con todas sus indulgencias plenarias y su merchandising. Parece ser que lo quieren arrojar al mar pero tampoco lo tienen claro. Joder, parece una película cómica en la que los protagonistas cometen un asesinato pero luego no saben cómo deshacerse del cuerpo.

También resulta que no queda aclarado si el terrorista estaba desarmado, armado con arma blanca, se puso gallito o se cagó patas abajo. Ni si la mujer que lo acompañaba, supuestamente una de sus mujeres, que los árabes si que aplican bien la distribución sexual, se lanzó a por los Swat o quienes fueran, se cruzó en el camino de la bala o les preparó un te moruno. La primera versión dada fue que Bin Laden intentó defenderse y le dispararon, con tan buena puntería que le dieron dos tiros en toda la almendra. ¿Quién fue a capturarlo, Harry el Sucio? Además, ¿con qué quiso defenderse? ¿lanzando a los Marines o quienes fueran boñigas de cabra? ¡Que maldad la de este tipo!

Otra información que ha trascendido, no sabemos si cierta o incierta pero sospechosa en todo caso, es que toda la información para capturar a Bin Laden se obtuvo bajo torturas. Y ya está. Chimpún. Sale a la luz esta información y todo el mundo a callar. Bueno salvo tibias y timoratas quejas de algún gobierno occidental que quiere tener la excusa de ser muy defensor de los más básicos principios humanos. No se abre una investigación de los hechos, no se lleva a los responsables ante el TPI, entre otras cosas porque los EE.UU. sólo lo reconocen para juzgar a imputados o acusados extranjeros pero no para los americanos, no hay protestas en la ONU, ni siquiera los periodistas que cubren la noticia son capaces de opinar en contra de estas prácticas. El fin justifica los medios.

En definitiva, que se puede mentir, ocultar información, hacer propaganda, limitar o cercenar derechos civiles, acusar sin pruebas, eludir la Justicia, torturar y finalmente asesinar para conseguir un fin que, la verdad, a la mayoría se nos escapa por poco concreto, difuso y sospechoso.

Pero todo esto es la Guerra contra el Terror y nosotros estamos en el bando de los buenos. Pues qué suerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario