viernes, 25 de noviembre de 2011

Mayoría minoritaria

Cuando se alude al término “democracia” se pretende conceptualizar con él el gobierno de la mayoría, de la opción política mayoritaria decidida en libertad y mediante un sistema electoral representativo que asegure que lo que se obtiene como resultado es el reflejo exacto de la voluntad popular (del pueblo, demos).


Para poner un ejemplo, si un grupo de colegas (pongamos que son diez) se juntan en una plaza y someten a votación ir de botellón o ir de pubs (el resto de opciones –ir al museo, ir a un concierto de música clásica, jugar al ajedrez- no los contabilizamos por minoritarias), irán de botellón si hay un mayor número de colegas con ganas de pillar una buena tajada o de pubs si la opción de mayor número es la de ir de finolis a los pubs más trending topic. Lo que no cuadraría en esta movida es que sólo dos eligieran ir de “pafetos” y encima lo consiguieran y, no contentos con este juego trilero de las elecciones, dijesen que su grupo de amigos (de diez amigos, no olvidemos) son muy de ir de pubs y que reniegan del mundo del botellón. ¿A que no tendría mucho sentido? Lo normal en estos casos es que los dos finolis se llevaran dos collejas mazapaneras y terminaran, como el resto, echando la pota en el parking del Carrefour donde ha hecho el botellón el grupo. Además, seguro que el más leído del grupo hubiera dicho aquello de “vamos a votar democráticamente” dando por zanjada cualquier defección posterior.


Sin embargo, alejados del suburbial mundo del Larios con Pepsi o del kalimotxo con Marqués del Tetra Brick, los representantes populares (es decir del pueblo, no sólo los del PP) se creen con el derecho de dirigir, gestionar y decidir el futuro de sus pueblos a pesar de haber obtenido una representatividad paupérrima y absolutamente alejada de la realidad electiva nacional convirtiendo así los gobiernos democráticos no en el gobierno de la mayoría sino en el de la minoría bien colocada.


Por poner un ejemplo que no tenga nada que ver con el de las últimas elecciones, no vaya a ser que creáis que lo digo porque no comulgo mucho con las tesis de la derecha, si en unas elecciones cualquiera, con un índice de participación del 65%, la opción política “mayoritaria” A obtuviera el 40% de los votos, correspondiendo el resto del reparto a B (20%), C (15%), D (10%), E (8%) y F (7%), se diría que la opción A ha ganado las elecciones y al día siguiente los titulares de los medios, siempre fieles al espectáculo, dirían que “el país vota A”, “el pueblo quiere A”, “la mayoría dice A” y cosas por el estilo. Pero, sin entrar en detalles matemáticos de la Ley d’Hont ni en cuestiones de circunscripciones electorales que lo hacen más complicado y haciendo el cálculo más elemental vemos que:

  • Pueblo (demos) son también, no lo olvidemos, aquéllos que no pueden votar por cualquier circunstancia pero que se verán afectados por las decisiones políticas que se deriven de las elecciones. Esos ni siquiera cuentan en los porcentajes de elección democrática

  • Un 35% de las personas con capacidad de emitir su voto, no lo hicieron. No votaron ni A ni B ni C ni a ninguna otra opción. Un bocado nada desdeñable del conjunto poblacional pues supone más de la tercera parte de los posibles votantes.

  • La suma de las opciones no ganadoras supera ampliamente a la opción ganadora de las elecciones lo que implica que un 60% del 65% que votó en las elecciones no eligió la opción A.

De esto se deduce que en un sistema electoral como el nuestro, la opción que se denomina o autodenomina “mayoritaria” no sólo no lo es sino que a duras penas alcanza, como en el ejemplo, una representatividad superior al 20% del segmento de la población con capacidad de voto. Es decir, hay casi un 80% que no ha elegido esa opción y eso descontando a aquellos que por diversas razones no están legitimados para votar.


Así pues, hacen falta dos cosas: la primera es un cambio en la ley electoral en la búsqueda de un sistema más representativo de la realidad electiva; la segunda, una visión más realista por parte de todos de lo que obtenemos con este sistema.


Quizá la clase política se haya dado cuenta de que se les empieza a ver el plumero y por eso están pensando en bajar la edad legal para votar a los 16 años. Ya me veo a los “líderes” de los distintos partidos prometiendo subvenciones para el Marqués de Tetra Brick y creando la Subdirección General del Acné y el Cuerpo Facultativo de Pajilleros. Todo sea por seguir conservando esta mayoría tan minoritaria.



Ver http://blogs.publico.es/dominiopublico/4282/¿donde-esta-el-tsunami/

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Europe, it's the final countdown (for us)

Decía en otro post anterior que hay que ver las señales, los indicios de un futuro que, no por indeterminado, no pueda ser de algún modo previsto en sus características más esenciales de seguirse la tendencia que sugieren las propias señales vistas.

Por no irnos muy lejos, el 20 de febrero de 2005 se celebró en España el referéndum sobre el Tratado de Constitución Europea que fue aprobado con más de un 75% de votos a favor pero con una participación que no llegó al 45% en una campaña que tuvo que ser denunciada por la parcialidad del Gobierno de entonces a favor del sí (el lema de esta campaña era “Los primeros con Europa”) y que fue muy criticada por la falta de información al respecto del texto constitucional, la nula participación ciudadana en la redacción o la necesidad de votar a favor o en contra de la totalidad (la pregunta del referéndum fue "¿Aprueba usted el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa?"). por cierto, los defensores del sí al texto constituyente fueron el PP, el PSOE, CiU y el PNV ¿Qué raro, no?

Meses después, y supongo que alentados por el pírrico sí español, se celebró otro referéndum de igual signo en Francia. El 29 de mayo y con más de un 70% de participación (casi el doble que en España), los franceses dijeron que no al texto de la Constitución Europea. A fin de enmendar el yerro, se intentó hacer lo propio en los Países Bajos el 1 de junio de ese mismo año con idéntico resultado (que no) y con una participación también cercana al 70%.

Así que, con estos mimbres, que hizo el Parlamento, la Comisión y el Consejo Europeos ¿dar por finalizada la aventura constitucional?¿Ponerse a trabajar en un nuevo texto constituyente en el que se tuviera en cuenta la voz de los ciudadanos europeos? No, ni por asomo. El resto de países miembros sustrajeron la posibilidad de referéndum a sus ciudadanos y aprobaron la CE en sede parlamentaria. Pero como iba a estar muy feo pasarse pour l'arc de triomphe lo que para tres veces que preguntaron, dos le respondieron que no y en la tercera le dieron un sí por lo bajini, pues se inventan un nuevo Tratado y allons enfants de la Patrie. Fue así como nació el Tratado de Lisboa que viene a ser como el Bimanán, un sustitutivo.

Así, sin ir más lejos (que podríamos) podemos situar en este año el acoso y derribo a la democracia europea por parte de la propia Unión Europea. Habrá quien defienda las medidas tomadas por la imposibilidad de realizar consultas en todos los estados miembros o por el retraso que supondrían las sucesivas tramitaciones consultivas en cada estado miembro. Esos son los que se autoproclaman europeístas y se atreven a acusar a otros de antieuropeos en un calco muy al estilo del patrioterismo made in USA (in God we trust). Sin embargo esa, y no otra, sería la verdadera Unión, la del consenso de todos, la de la búsqueda de fórmulas comunes, la del acuerdo mutuo y si no existe tal acuerdo (algo que no me parece descabellado, por cierto) pues cada uno por su lado y aquí paz y después gloria. Pero no, hay que meterlo todo con calzador y eso huele mal.

Andando el tiempo político y después de decisiones y normativas europeas, después de suculentos retiros políticos al edén de Luxemburgo, después de la endogamia y las casi-herencias políticas en las instituciones europeas, los cobros de Business class y los viajes en Ryanair, los empadronamientos lejanos para arañar unos eurillos más a las arcas europeas, etc, etc, nos encontramos inmersos en una crisis económica que lleva a todo el mundo de cabeza, de la que no se atisba el más turbio horizonte y que deja a más gente en el paro que en las trincheras de Verdun mientras sus señorías aumentan en número y, por ende, en gasto público gracias al propio Tratado de Lisboa. Y ¿cuáles han sido las medidas más ampliamente tomadas frente a este desaguisado monumental? Los recortes sociales, las bajadas de sueldos a los empleados públicos, la congelación de las pensiones, el recorte en gastos de educación o sanidad, la subida del IVA y paro que me pongo de mala leche. Sin embargo sigue existiendo un fraude fiscal descomunal cuyo mayor porcentaje corresponde a las grandes empresas y a las grandes fortunas, paraísos fiscales adonde van a parar los “ahorros” de unos cuantos indeseables y de grupos empresariales de exquisita reputación internacional. Ingenierías contables para eludir el pago de impuestos y paro que me vuelvo a poner de mala leche.

Por otro lado, todo está supeditado al dictado de los poderes económicos o financieros. Todo se hace con un claro objetivo económico y de mercado o viceversa y, por tanto, todo tiende a la consecución de una mayor cuenta de resultados o de un mayor beneficio. Pero ¿de quién? ¿de los europeos? ¿de los españoles? ¿de los griegos? ¿quizá de los alemanes? Pues no, de ellos no. O sí pero no de ellos como conjunto poblacional sino de algunos españoles, algunos griegos, algunos alemanes, etc. De esos que se conocen como inversores, como mercado y que no son otra cosa que especuladores.

Por ello los mercados, los inversores o como quiera cualquiera definir esta antitesis del pueblo, de la gente corriente o de los tax payers son los que impelen a ZP y a Don Mariano a firmar una reforma constitucional sin consulta popular (después del resultado de 2005 no se la iban a jugar). Por cierto, el Rey que se dice de todos los españoles refrendó tal reforma haciéndose un poco más Rey de los mercados y los banqueros que de todos los españoles que verán cómo el pago de la deuda tendrá prioridad sobre cualquier otro gasto en los presupuestos de las distintas administraciones (bueno viniendo de Juanchi no me extraña ese proceder). También son estos los que deponen un Presidente elegido democráticamente por otro de su cuerda sin consulta previa al poder soberano saltándose a la torera el propio mandato constitucional o los que se sacan una directiva de la chistera según la cual el Consejo Europeo (¿o es la Comisión? Bueno da igual) podrá revisar los presupuestos de los estados miembros antes de ser enviados a sus respectivos parlamentos, es decir que el Bundenstag o los componentes del Consejo (¿la Comisión?) podrán decidir sobre el gasto en pupitres o en pizarras de los portugueses antes que los propios portugueses. Que alguien me diga si no es para cantar un fado. Menos mal que al menos tenemos a Nigel Farage en el Parlamento Europeo.

Por eso, también, desde que Don Mariano, gracias a la inestimable colaboración del PSOE en pleno, ha conseguido mayoría absoluta, Merkel[1], S&P, Fitch, el círculo de empresarios y el lobby de porteras de Fuencarral se han apresurado como buitres al olor de la putrefacción a marcarle el camino al tenaz gallego. Pero tranquilos que Don Mariano se lo sabe de memoria y no se va a perder.



[1] Por cierto, Merkel era Presidenta del Consejo Europeo cuando se procedió a aprobar el tratado de Lisboa que sustituía al intento fallido de Constitución Europea. En sus alegatos a favor de este nuevo tratado dijo cosas tan suculentas como “Los Veintisiete necesitan reglas razonables que estén a la altura del nuevo tamaño de la UE y le permitan hacer frente a los nuevos desafíos, reglas que nos capaciten para la acción, porque sabemos que con las reglas actuales la UE no puede ser ampliada ni está capacitada para tomar algunas decisiones necesarias.”

lunes, 7 de noviembre de 2011

La crisis al pelo

Llevo tanto tiempo callado en el blog porque no termino de salir de mi asombro ante la arrolladora y frenética secuencia de acontecimientos que se están sucediendo últimamente. Parece ser que todos están relacionados directa o indirectamente con la crisis. Vamos que es como si la crisis fuese el comodín perfecto para colocarle todos los sambenitos del mundo mundial; el niño chico que se la carga por cualquier plato roto. Y no es que la crisis no sea perniciosa y mala de la muerte pero no va a ser la culpable de todos los males humanos ni de la desaparición de los dinosaurios y otras cosas por el estilo. Yo creo que es más bien la coartada perfecta para cometer latrocinios y vilezas de alto, mejor, de altísimo nivel. Y a los hechos me remito.

Basta mirar (sin someterlos a un análisis profundo, no vaya a ser que nos de un ictus) la página principal de los tres diarios electrónicos (excepto Marca, claro que en esto y en edición impresa es el rey y prefiero no inferir nada de este dato) para hacernos una idea de cómo sirve la crisis de pantalla de otras intenciones latentes y, a mi juicio, concienzudamente ocultas.

El País señala en un titular que “Un exjefe del BCE se perfila como nuevo primer ministro griego”. El Mundo, a su vez titula un principal como “España podría ser multada con hasta 1.000 millones de euros por su elevado paro”. Y ABC, por su parte, que “Los mercados golpean a Berlusconi y la prensa italiana apunta a su dimisión”.

En el primer artículo de El País, se informa de la posibilidad (muy posible) de que Lukas Papademos sustituya a Yorgos Papandreu al frente del gobierno de Grecia. Este señor encargado de negociar el segundo rescate a Grecia es un exbanquero y exvicepresidente del BCE y llegaría, de esta forma, al gobierno heleno sin haber sido elegido por ninguno de los griegos salvo dos, Papandreu y Samaras, líder de la oposición. Así, en un abrir y cerrar de ojos hemos pasado de la posibilidad de preguntar al pueblo heleno si les parecen bien o mal las condiciones del nuevo rescate a colocar sin preguntar a un banquero para que pacte sí o sí esas condiciones.

A mi esto me trae un aire a la reforma constitucional que se sacaron de la manga en España PP y PSOE porque era supermeganecesaria y no cabía preguntar al pueblo porque qué sabemos nosotros de esas cosas tan difíciles.

Cuando en una democracia se deja de preguntar al pueblo y se le trata como a un nenito de pañales es que se está buscando otro sistema que rebaje la soberanía del pueblo. Se empieza por amagar los refrendos y se termina por decretar órdenes.

El segundo artículo de El Mundo suena más a chiste o a artículo de 28 de diciembre que a información veraz y seria pero parece ser que es esto último. O sea que en un país desgarrado por el desempleo con miles (¿millones?) de familias en bancarrota y unas tasas de dramas humanos sólo sobrepasados por los países del África subsahariana resulta que a no sé quién (prefiero no saberlo para no ponerle cara a aquel sobre quien dejo caer todos los tormentos del infierno) se le ocurre que hay que multar a España por haber alcanzado esos niveles de desempleo. Y España ¿qué es? ¿Un ente supranacional? ¿Un organismo autónomo? ¿Una persona jurídica? ¿O lo formamos todos los españolitos y españolitas, amén de los inmigrantes (e inmigrantas que diría la señorita Bibiana) que tenemos la desgracia de sufrir a nuestros politiquillos de tres al cuarto? De esos 1.000 millonacos ¿no será también paganini cada uno de los cinco millones de parados que existen? O sea que encima de puta, apaleada. Y digo yo, así, sin pensar mucho y sin ser un best in class que, evidentemente, no lo soy ni lo pretendo, digo yo, ¿no sería mejor emplear ese mantecado de euros en reactivar el empleo o en dárselo directamente a los parados que están caninos en vez de ir a parar a las arcas de la gran madre Europa y que finalmente se destinen a la recapitalización de los bancos o a salvar a los griegos a los que no se les ha preguntado si quieren que se les salve? Parece ser que no. Daños colaterales de la crisis.

En tercer lugar, el artículo de ABC es todo un clásico de las películas de cine negro, “Berlusconi returns”. Señala el tabloide (si es una url ya no se le puede llamar así ¿no?) que la crisis (en realidad, la desconfianza de los mercados) deja a Berlusconi al borde de la dimisión. Este señor que se ha pasado por el Foro Romano toda la decencia política y personal, que se lo ha montado en plan mafioso de club nocturno, que ha utilizado las instituciones italianas en beneficio propio, que se ha reído en la cara de sus propios compatriotas no dimite por esas causas que suponen, cuando menos, un delito penal sino por que “los mercados” no están contentos con cómo maneja la crisis.

Si al final dimite por esto, ¿se le seguirá encausando por el resto de delitos que sin duda ha cometido?

A mí me da que todo está conectado y que la crisis sirve de interruptor ¿qué, que no?

martes, 11 de octubre de 2011

Cosas que me pasan

Tras una apariencia determinada puede haber algo muy distinto a lo supuesto o esperado y sólo cuando la realidad cobra vida es cuando los indicios se hacen patentes como la ardiente lava de la erupción.


Pues eso me sucede a mí. Esto y esa otra sensación de derrota que queda cuando se lleva un tiempo haciendo un esfuerzo titánico para mantener una determinada opinión y en un momento dado los argumentos se declaran en huelga y la razón pierde pie ante la presión de la opinión contraria.


Ambas cosas me pasan. Estas dos y el abandono servil de quien, desprovisto de toda razón, asume con resiganción de tendencia masoquista el devenir de funestos acontecimientos justificando, en el climax de la cesión, lo que hasta hace poco era la premisa adversaria, el pájaro de barro de sus lodos argumentales.


Estas tres cosas me pasan y la impotencia del que se supo omnipotente en su razón hasta que el viento del tiempo lo bajó del trono de la diosa y lo llevó al suplicio tentativo de Tántalo e impotente sucumbe al intento de beber de las aguas de la verdad.

Estas cosas me pasan y no son tan extraordinarias.

lunes, 10 de octubre de 2011

¿Generación perdida?

Leía hace tiempo a no sé quién (lo siento, mi RAM se la robé a un Spectrum) que la generación de nuestros hijos será la primera en la historia que vivirán peor que sus padres. Sentencia que no mueve a uno a procrear en secuencia conejera, la verdad.

Y a pesar de parecer agorera, pesimista y de mala baba, lo cierto es que indicios no faltan para ver que la premonición no andaba nada desencaminada. La mitad de los parados en España tiene menos de 35 años. El paro juvenil está por encima del 50%. Son los jóvenes con mayor formación académica de la historia pero malviven de trabajos precarios y de la sobreexplotación a la que se ven sometidos en los escasos contratos que consiguen firmar.

Los que no tienen cargas o ataduras aquí, terminan marchándose al extranjero en una especie de diáspora que nada tiene que envidir a las migraciones españolas de los 50 y 60, aunque en algo se diferencian como señalaba el responsable de inmigración de Alemania: antes era mano de obra barata, ahora es mano de obra cualificada. Nada, fuera que en España lo que sobran son cerebros. No hay más que mirar los escaños del Congreso y el Senado, amén de CCAA, Cabildos, Diputaciones y Corporaciones Locales. Estamos petados de lumbreras.

Los que no se van porque no pueden (hipotecas, hijos, etc.) hacen de todo por salir adelante como sea. Limpian casas, trabajan de temporeros en el Pizza Hut, son dependientas del H&M, becarias en algún Ayuntamiento, camareras de pisos atentas por si viene Strauss Khan por detrás, en fin, la vie en rose. Y todo se lo deben (se lo debemos de algún modo) a la genración anterior, la del estado del bienestar, la de la lucha contra las tiranías, la que nos protegió del coco soviético, la de las libertades.

Esta generación ya nació en democracia (¿ein?), tuvo sus derechos garantizados (¿ein?) sin necesidad de pedirlos a gritos en las calles, no pasaron miseria, no pasaron hambre, tuvieron libertad (¿eeein?), igualdad de trato (¡¿cooooomoooorrr?!), acceso a estudios superiores, vivieron confiados en lo que les habían legado sus padres y de repente....¡zas!, en toda la boca. Ni trabajo, ni dinero, ni libertad, ni igualdad de trato, ni pamplinas. A humillar la cerviz y a pasar por el aro de los intereses bancarios, los expedientes de regulación de empleo, los contratos de formación, la cola del paro y el subsidio por desempleo.

Nuestros padres y abuelos no lo tuvieron tampoco fácil pero nadie les vendió la burra, nadie les dijo "vamos, hombre que el mundo es tuyo. A por él, sin miedo" Nadie les metió por los ojos el consumo desenfrenado y sinsentido, no tenían teles para verse reflejado en un referente cada vez más apetecible a la vez que lejano, no les imbuyeron la cultura del éxito, ni la filosofía del buen rollito y el corto plazo. Antes, para nuestros padres, las cosas chungas eran chungas, sin paños calientes, sin ambigüedades, sin eufemismos y, así, se afrontaban con los dientes apretados esperando a que el temporal amainase.

Sin embargo, a esta generación se le ha robado directamente porque se les ha engañado. Se les ha dicho que tiene que ser más altos, más guapos, más cachas, más listos, más populares (¡viva Disney Channel!), más esforzados y más y más de todo. Es como si hubiesen pagado ellos las frustraciones paternas. Pero hete aquí que después de hacer la dieta de la alcachofa durante 14 semanas para quedarse con un tipito de Barby Lolailo, de currar 16 horas en el McDonalds para poder pagarse el Master (del Universo) y quemarse las pestañas estudiando por la noche, después de las horas de gimnasio y la bazofia de los batidos de proteínas para conseguir un centímetro de bíceps, ahora les vienen con el cuento de que eso ya no importa, que estamos en crisis y cuando se está en crisis los de arriba no dicen "¡vamos, todos a una, reeemad!" sino "tonto el último" y se las piran con sus pingües beneficios de trileros mientras el resto se queda con cara de empanao y echándose mano a la cartera.

Las Barbies, los cachas y los engominados hacen cola ahora en la puerta del Inem y se invitan a cortados y a fumar mientras se cuentan las mil putadas que les han hecho en el último curro. Pero también, y ahí debe estar su recuperación y su dignidad, quedan en Facebook y en Twitter para montar una mani y cagarse en la madre que parió a todos los que les han estado vendiendo humo y robándoles su juventud en aras del progreso democrático y de la libertad personal, eso sí, se defecan educadamente en sus muertos que para eso tienen carreras y másteres.

Ver: Documentos TV: ¿Generación perdida?

sábado, 1 de octubre de 2011

Constitución deconstituida

Cuando llegó la democracia a mi país yo era un enano al que sólo soliviantaba la estafa de que el helicóptero de los Airgamboys (los clics no habían nacido todavía) no volara de verdad y le atribulaba el destino ignoto de mi panterita negra de peluche que llevaba varios días en paradero desconocido. En el ambiente se respiraba un aire ligeramente incandescente provocado (lo supe después) por el miedo a lo nuevo o a lo ya conocido, a lo esperado o a lo acostumbrado. Miedo a todo, a fin de cuentas. Miedo pero también esperanza. La esperanza de que todo cambiase, de unos y de que ese cambio fuese lo más leve posible, de otros. Y el cambio se produjo sin que yo me diese mayor cuenta de ello que de otras cosas propias del otro mundo de los mayores.

Y al cambio se le llamó Transición porque no tuvieron reales de ponerle un nombre más tajante y definitivo, porque no tuvieron (nadie) arrestos para llamarlo cambio, sin más. Transición sonaba menos traumático, menos crítico. Una transición es también un cambio pero menos. Es un estado pasajero, intermedio, ambiguo, intermedio, una intersección suave y cómoda. Nada que ver con el cambio violento, definitivo, estricto y decisivo. Nadie quiso romper, eso lo sé ahora que antes no estaba para sutilezas racionales, con el modelo anterior y sus formas establecidas y acostumbradas. Ni unos ni otros quisieron y así el cambio se convirtió en Transición y pasando el tiempo en pantomima y atrezzo de una función a la que asistimos de espectadores creyéndonos protagonistas. Esto lo sabemos ahora, antes no estábamos para análisis ideológicos.

Nos vistieron a la dama Transición con las galas de la democracia y la tocaron con la tiara de la Constitución que dijeron, unos y otros, ser de todos y obligar a todos en igualdad, libertad y respeto mutuo. Pero no pasó de una declaración de intenciones que para su cumplimiento requerían de desarrollos legislativos posteriores y en ella se daban por hecho algunos sapos que más de un español de bien se tuvo que tragar. Pero era intocable, sublime, divina, había nacido del consenso de los diferentes, de los hasta hace bien poco adversarios. Era de todos y siempre se nos dijo que así era y que su respeto era obligación de todos.

Pasados unos cuantos años resulta que ese rubí, esa rosa inmarcesible, esa divinidad intocable que exige hasta la existencia de un Tribunal para la interpretación de sus sagrados textos, es mancillada, vejada, manoseada y moldeada no por todos los españoles, cosa que sería tan sagrada como su primera redacción pues nacería del consenso de todos sino de unos cuantos diputados que se mueven al dictado de los mercados y de sus sombras más siniestras. Y no se modifica para que el pueblo (demos) adquiera mayor libertad, mayor capacidad de decisión, mayor autonomía, mayor índice de prosperidad sino para asegurar el pago a las entidades de crédito, las mismas entidades que con sus medidas y su gestión caótica han provocado que muchas familias se vean al mismísimo borde del abismo de la indigencia, esas entidades a las que se ha rescatado ya varias veces (y se seguirá haciendo como anunció ayer la Canciller alemana) con dinero público y cuyos directivos se prejubilan con unas pensiones de monarca absolutista.

Hablando de monarcas, ni el 10% de los diputados ni el monarca español han sido lo dignos que debieran haber sido al representar al pueblo español tal como dictan sus estatutos y sus juramentos ante las Cortes o lo que es lo mismo, ante los españoles. Todos, diputados y monarca, han acatado y han firmado lo que les ha dictado el mercado y sus dueños.

Así que el 6 de diciembre de este año no me esperen en ninguna plaza ni me inviten a levantar mi copa por nada. Que lo celebre el mercado, los diputados y el monarca. Yo paso.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Señales

Hay que estar atentos a las señales que en cualquier momento se manifiesten. Si te gusta la montaña y en un día de noviembre empiezas a subir una cumbre y te encuentras con que hay muchos pájaros que vuelan hacia abajo en vez de subir hacia la cima, lo mejor es que empieces a bajar tú también porque la tormenta se acerca. Es una señal y conviene tenerla en cuenta o al menos saber qué representa.

Hace tiempo que, como esos pájaros de altura que vuelan hacia el valle, se están produciendo señales que deben hacernos prever un horizonte diferente al que estábamos acostumbrados. Me refiero a las señales provenientes del mercado en general y de la política en particular.

Leía en el libro de Naomi Klein, "La doctrina del shock" que fuertes impactos en la psicología social permiten abonar el terreno para reformas impopulares (la cita es de memoria). Estos impactos pueden ser provocados o no pero en todo caso, la situación de caos permitirá constreñir derechos que de otra forma sería difícil de hacer. Un caso paradigmático de eso es la USA Patriot Act aprobada tras los atentados del 11-S y ante la que los estadounidenses cedieron derechos individuales que a sus abuelos les costó unas cuantas guerras e incluso la vida de algunos. Pero ante el miedo a lo desconocido todos buscamos amparo ya sea la mano de tu padre o de tu madre o la tutela del Estado.

Como en el anterior caso, y dejando a un lado la previsibilidad de la crisis actual y la responsabilidad que deberían tener quienes debían haberla previsto, lo cierto es que se está acabando con el modelo de bienestar social iniciado por el norteamericano Keynes aportando más valor al capital que al trabajo y limitando una serie de derechos cuya destrucción se inició con Tatcher y Reagan.

Por poner sólo algunos ejemplos de estas señales diremos que los recortes principales una vez asumida la crisis han sido sobre los gastos sociales (desempleo, desarrollo, dependencia, maternidad, etc.) y sobre sectores ya de por si desfavorecidos: pensionistas cuyas pensiones son de las más bajas de la Eurozona y funcionarios que allá por el 2007, cuando todavía no se atisbaba la crisis, ya perdían más de un 40% de poder adquisitivo con respecto a otros sectores. Señales.

Pero aquí no acaba la cosa. También hay caldo para las pymes. Las que no tengan deudas contraídas con alguna administración pública (esas que se den por jodidas) tendrán que pagar un tipo impositivo más alto que una gran empresa multinacional. Es decir que la carpintería de tu primo Manolo tributará en un porcentaje del 20% mientras que el Santander de Botín o la Telefónica de Alierta lo hará en un 17%. Eso si no hace como el señor Amancio Ortega y se lleva parte de su facturación a Irlanda con tipos impositivos todavía más reducidos. Señales.

Así pues, montado el pollo monumental, con las agencias de rating (privadísimas, por cierto) lanzando pedradas, el FMI soplándonos en la nuca y el BCE apretándonos los genitales hasta que cantemos como Farinelli, los dos superpartidos de esta España cainita que decía Machado se marcan un "agarrao" y se cepillan la que hasta ahora nos decían que era el sancta sanctorum del estado de derecho: el consenso constitucional. Así que algo que es de todos los españoles (incluidos vascos y catalanes) ahora lo deciden unas 200 personas (no sé si andará por esa cifra el número de diputados socialistas y populares, descontando a Gutierrez, el único sensato de todos estos) a las que votaron un escaso tercio de los españoles con capacidad de voto. Señales.

Y esta señal es de las de tener en cuenta porque la nueva redacción del artículo 135 que nadie sabíamos ni siquiera que existía ( ano ser que estuvieras opositando y eso es difícil) y mucho menos sabíamos qué decía, ahora señala explícitamente que "los créditos para satisfacer los intereses y el capital de la deuda pública de las Administraciones se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos del presupuesto y su pago gozará de prioridad absoluta". En definitiva que primero se pagarán los intereses y el capital de la deuda y después se harán colegios, hospitales, bibliotecas, centros de drogodependencia, geriátricos, guarderías, parques infantiles y demás cosas insustanciales. Lo importante es tener contentas a las entidades de crédito no sea que vuelvan a liar otra como la de las subprime. Señales.

Pero como decía esta señal es de cuidado porque la administración (la que sea, el Ayuntamiento de Villabotijos, pongamos por caso) pide un préstamo a una entidad de crédito para hacer un gimnasio para el pueblo. La obra cuesta 1 millón y se ejecuta adecuadamente, en tiempo y forma y por el presupuesto convenido. Sin embargo, el Ayuntamiento de Villabotijos paga ese millón del capital financiado más un 5% de intereses que van directamente a la entidad y no al pueblo. Y como debe esos intereses (más el capital, claro) el pago de la deuda se contrae en varios años. Así que resulta que por el uso el pabellón debe ser remozado a los tres años (hay unas goteras que es lo típico en obra pública) pero como el artículo 135 dice que lo primero primerísimo es pagar la deuda al banco, resulta que no pueden acometer las labores de mantenimiento porque iene que pagar los intereses de esa deuda. Como hay margen vuelven a endeudarse con la entidad en otro crédito para poder tapar las goteras y al año siguiente hay filtraciones en el suelo del pabellón que tienen que ser reparadas. Pero no se puede porque hay que pagar los intereses de las dos deudas. Así van pasando los años y Villabotijos celebra una fiesta popular porque han terminado de pagar la última letra del crédito sobre un solar en ruinas donde antes había un gimnasio.

No pierdas el ojo a las señales.

lunes, 4 de julio de 2011

Cuéntame un cuento

El sector editorial español se sitúa entre los cinco más importantes del mundo en relación a su facturación. Existen auténticos holding empresariales ligados a esta actividad. El Estado y otras Administraciones Públicas subvencionan ediciones de difícil colocación en el mercado de consumo. Y sin embargo en España se lee poco y mal. Países como Dinamarca o Suecia disponen de un sistema bibliotecario capaz de proveer de más de 15 libros por habitante y año. En nuestro país no alcanzamos los cuatro libros por habitante y año en las bibliotecas públicas.


Pero la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) se queja de un descenso del 7% en la venta de libros con el que han conseguido una paupérrima cifra de ventas de 2.890,80 millones de euros,vamos, un ridículo medio billón (con be) de las antiguas pesetas. Pero a mi no me salen las cuentas a pesar de la ridiculez de la cifra (pobrecitos). Si divides dos mil ochocientos noventa millones entre 50 millones de españoles (incluidos los bebés de teta y los anciandos con cataratas) te da...57 euros por cada españolito de a pie en gastos librarios por año. Todo esto sin contar con el mercado de e-books que la FGEE admite que ha duplicado sus ventas hasta los 70 millones de euros. Sabiendo que existe gente que todavía no se gasta ni un euro anual en libros, significa que hay gente que se gasta más de 100 (¿dónde están esos derrochadores?). No obstante, mi experiencia me dice que la media puede andar por los cuatro libros al año, esto es algo menos de cien euros.



Lo que pasa es que aquí entra también todo el Mercado (con mayúscula) de los libros de texto escolares y universitarios, las ediciones subvencionadas, los "artistas" de renombre a los que hay que publicarles sí o sí, los ministros y famosetes con ínfulas de escribientes y otro variopinto ganado que se mueve por los palacios de la letra impresa. Pero he aquí que este año ha sido el annus horribilis de la edición en España y tanto es así que el presidente de la FGEE ha lamentado plañideramente el "empobrecimiento cultural" de la sociedad española (algo tendrá que ver en esto algunas cadenas de TV que forman parte del holding de empresas de las que forman parte algunos de sus asociados) que, según él mismo, está "tocada de muerte" (eran las cinco de la tarde...) al no considerar el "valor intangible" del libro y la cultura (bueno, intangible para el que lee no para ellos que editan).



Ante estos lamentos y augurios de mala fortuna no puedo sino quedarme atónito pues la FGEE fue una de las promotoras e instigadoras del famoso "canon por préstamo" en las bibliotecas públicas lo que supone detraer de los presupuestos de estas entidades culturales un buen mordisco destinado a pagar los derechos de propiedad intelectual de un modo tan arbitrario que se paga el mismo porcentaje por el último Premio Planeta que por La cartuja de Parma. Entonces, cuando de sacar tajada se trataba, nadie de la FGEE habló de "empobrecimiento cultural" o de "valor intangible" quizá porque entonces se trataba de "enriquecimiento personal" y del "valor tangible" que encierra el dinero. Así que no me cuenten cuentos, por favor.

viernes, 1 de julio de 2011

Cazadores cazados

Si es que algunos (muchos) ya veníamos avisándolo desde hacía tiempo y es que no era muy normal el modo de proceder de estos señores y señoras encumbrados en el Olimpo de la gestión de los derechos de los demás. Es que no es muy normal que nadie gestione tus derechos o ¿sería normal que un organismo gestionara tu derecho a la libertad de expresión o tu derecho a sindicarte? No, no sería muy normal a pesar de que estuviera regulado por ley (la USA PATRIOT Act también es una ley) y consentido por algunos de los propietarios de esos derechos.

Muchos (no todos) nos quedábamos a cuadros cuando leíamos noticias de que la SGAE había denunciado a un pueblo por la representación de no sé qué obra (aunque fuese una adaptación y por tanto no la original), a un bar por poner no sé qué música (aunque la hubiera grabado en su casa el dueño del bar con su cuñado en plan chirigota), a una boda por la música de la barra libre (aunque se hubiesen colado sin invitación en un acto privado) y otros miles de ejemplos que te quitaban hasta las ganas de silbar. No entendíamos tampoco cuál era el sistema de reparto de las cuotas pagadas a esta sociedad ni si se tenían en cuenta el número de reproducciones, emisiones o representaciones para tal reparto ni si se detraían de esas cuotas el porcentaje de obras carentes de derechos o de dominio público ni si existía algún tipo de acuerdo con otras sociedades de gestión de derechos de propiedad intelectual del extranjero para el abono de las cuotas correspondientes a auotres extranjeros. Así que no sabíamos si a Alejandro Sanz o a Bisbal le pagaban más que a Melendi ni si la cuota correspondiente a la reproducción de la Traviata se la llevaban al cementerio de Milán a Verdi ni si Teddy Bautista se desplazaba directamente a las calles de Harlem para darle la pasta a los raperos neoyorquinos (show me the money, man!!)

Y es que el oscurantismo, las acciones propias de la Gestapo y las tropelías varias realizadas por la SGAE tenían a unos indignados y a otros con el corazón en un puño. Los primeros sólo llevabábamos música en el coche, los segundos tenían negocios que vivían en parte de la música. Y claro, todas estas artes siempre tienen algo oculto, algo que no termina de cuadrar, algo, al menos, sospechoso. Y así ha pasado que hoy la Guardia Civil ha registrdo la sede de la SGAE en Madrid y va a poner a Teddy Bautista a disposición judicial. No cabía otro fin.

Pero de cualquier forma, y a pesar del resultado de la investigación que la Fiscalía Anticorrupción va a poner en marcha por apropiación indebida (irónica acusación a quien gestiona derecho de propiedad) y desvío de fondos, lo que queda meridianamente claro, al menos a mi juicio, es lo inapropiado de este tipo de entidades para gestionar los derechos de sus asociados. Yo no digo que no deba haber control sobre el uso de las obras intelectuales de los autores y creo que como yo, salvo excepciones de los revientacabinas de siempre, la mayoría entiende que hay que proteger las creaciones de los autores, pero lo que tiene guasa es que aquellos que se erigieron en defensores de estos derechos vayan a ser juzgados ahora por lucrarse con los mismos. Hombre yo no soy autor. Lo más que escribo es en este blog y poco más y además permito que se me copie y recopie porque no vivo de ello. Pero si lo fuera, si viviera de mis creaciones, lo que tengo claro es que jamás me fiaría de entidades como la SGAE y de personajes como el Sr. Bautista.

miércoles, 29 de junio de 2011

Empresaurios

Alguien dijo alguna vez que por el estado de sus cárceles se podía conocer la calidad democrática de un país. Esto se puede trasladar al ámbito empresarial en la actual sociedad de mercado diciendo que la calidad de los empresarios reflejan el acerbo democrático de un país.

El empresario es un elemento indispensable de este sistema de mercado. Sin él la sociedad, tal como la conocemos, no podría existir. Ellos son los emprendedores, los innovadores y los que arriesgan su capital y generan empleo. Pero, por el mismo motivo, son responsables del buen funcionamiento del sistema empresarial siempre en tensión continua con la otra parte del binomio: los trabajadores y sus derechos. Estas dos fuerzas confrontadas permiten, con la búsqueda de acuerdos, un equilibrio deseable para la mejora, avance y adaptación del sistema a las nuevas condiciones. Por eso, cuando cualquier elemento que conforma este binomio rompe unilateralmente el acuerdo de consenso, se subvierte el propio sistema y se pone en peligro.

Todo el mundo rechaza, o debería hacerlo, a un trabajador que incumple los términos establecidos en su contrato de trabajo o las condiciones definidas por el convenio laboral que le afecta y a cuyas condiciones debe obedecer. Para evitar esto existen las sanciones y despidos disciplinarios hechos efectivos desde la propia empresa sin menoscabo de las acciones judiciales que pudiera interponer el afectado. Sin embargo, cuando un empresario incumple el acuerdo, el trabajador se ve abocado a recurrir a los tribunales en busca del amparo necesario y es aquí, precisamente, donde el equilibrio de fuerzas se rompe.

El empresario debería ser consciente de esto y actuar con responsabilidad y respeto hacia el equilibrio pactado por convenio y formalizado por contrato. No obstante, existen empresarios (no todos, afortunadamente) que, conscientes de la posibilidad de romper el equilibrio a su favor, dejan al trabajador ante un escenario de indefensión inmediata y de búsqueda de un amparo judicial que, en el mejor de los casos, lo obliga a una secuencia interminable de plazos, entregas de documentación y consultas legales y, en otros muchos casos, se convierte en un camino al calvario en el que frecuentemente flaquean las fuerzas del trabajador o las circunstancias personales perentorias le obligan a abandonar.

Este es el caso de dos trabajadores del Hotel Albir Playa de L'Alfàs del Pi. Primero fueron despedidos verbalmente por su director el Sr. Robles estableciendo una indemnización no acorde con la ley de 20 días por año trabajado cuando la legalmente establecida para este tipo de despido es de 45 días por año. El despido fue ratificado días después por este director en presencia de testigos de la parte afectada. La indemnización de 20 días fue justificada alegando que ambos trabajadores se encontraban dentro de un expediente de regulación de empleo (ERE) aunque la primera referencia documental al respecto data de días después de su despido verbal. EL expediente, por su parte, fue desestimado por Magistratura de Trabajo ya que no reunía las condiciones mínimas establecidas para valorar un ERE. En otras palabras, el expediente nunca existió pues no se llegó a iniciar ni su tramitación. Se celebró acto de conciliación al que la empresa no creyó conveniente asistir si bien sí creyó conveniente remitir dos burofaxes a los trabajadores apercibiéndoles de sanciones por la no asistencia a su puesto de trabajo a pesar del despido verbal efectuado por dos veces a los mismos trabajadores. Finalmente se celebra juicio oral siendo la sentencia favorable a los trabajadores y condenando a la empresa al pago de las cantidades correspondientes a 45 días de indemnización por año trabajado más los salarios de tramitación o a la readmisión de los trabajadores en su mismo puesto de trabajo, categoría y funciones así como condiciones laborales anteriores al acto de despido verbal. La empresa opta por la segunda pero modifica sustancialmente las condiciones de trabajo de los trabajadores bajando su categoría si no en retribución y cargo sí en funciones no adscritas a su puesto real y en sus condiciones laborales y derechos adquiridos. Tras varios días en esta situación se vuelve a celebrar una vista en la que la jueza determina que se trata de una readmisión improcedente y condena a la empresa al pago de las cantidades dictaminadas y a la anulación de la relación contractual. No obstante, pasados unos días la empresa ingresa una parte de la cantidad ordenada en la sentencia sin haber contactado con las partes para pactar unos plazos de pago sino por mera voluntad propia lo que supondrá una nueva reclamación por parte de los trabajadores y la intervención judicial de oficio con el consiguiente abono de intereses.

En resumen, la empresa, rompiendo el equilibrio, quiso ahorrarse un dinero que ahora, tras la actuación judicial, va a tener que satisfacer multiplicado por tres. Los trabajadores han debido sufrir un calvario que ha durado varios meses. Y se ha tenido que acudir a los tribunales en multitud de ocasiones para garantizar lo que desde un primer momento debería haberse cumplido.

Si este tipo de empresarios son los representantes del sistema español de empresa es que, efectivamente, esto no es España sino Españistán.

jueves, 2 de junio de 2011

Televisión educativa

Cuando después de algún día chungo de trabajo (no me puedo quejar pero a veces las miserias de la administración pública me ponen los nervios como cuchillas Gillette) llego a casa, veo a mi mujer y a mi hijo (mi pequeño paraíso), me pongo cómodo, preparo la cena (mi mujer lucha con el enano por que se coma la cena venciendo al sueño), recojo los cacharros, los friego (el lavavajillas se ha roto), preparo la mesa y las cosas para el cole del día siguiente, cenamos (¡al fin!) y terminamos de ver el capítulo 126 de Bob Esponja o de iCarly antes de que Morfeo atrape a mi hijo, entonces cojo el mando de la tele y empiezo una peregrinación caótica y absurda por todos los canales emocionado como si fuese a encontrar el Santo Grial del prime time. Pero no, lo normal es encontrarme con programas del corazón (los deben llamar así porque cuando los ves estás al punto del infarto de miocardio), realities o series más cansinas que matar un cerdo a pellizcos donde los ordenadores no se cuelgan nunca y van más rápidos que Farruquito por la M30. También puedes encontrar películas de serie B de los ochenta dentro de espacios que tienen los cojones de llamar "El taquillazo" o "El peliculón de la semana" y se quedan tan panchos. O puedes darte de bruces (¿de ojos?) con producciones propias que llevan anunciando en la cadena (¡Próximamente!) desde antes de hacer el casting de actores y que suelen ser históricas (bueno por clasificarlas en algún sitio) y con más sangre que Tarantino haciendo morcillas. "Hispania", "Aguila Roja", etc. tienen, no obstante, algo que hay que concederles e incluso aplaudirles, y es que mantienen el record imbatido todavía por nadie (ni siquiera por Holywwod, que ya es decir) de los mayores anacronismo, inconsistencias argumentales y tonterías por metro de cinta grabada. Si es que cuando nos ponemos, nos ponemos.

Otros de los programas típicos de la parrilla son los debates. Los hay más variados que los botellines de cerveza. Los hay serios, bueno, pseudoserios, los hay del colorín, los hay deportivos,... Incluso hay un programa que aglutina a todos ellos saltando de la movida de la madre de la Campanario con la SS (Seguridad Social, no Schutzstaffel) a la conveniencia de las reformas estructurales marcadas por el FMI para Grecia e Irlanda y después a la operación de pechos de la novia de Ronaldo. Claro, lo has adivinado. EL programa de AR. Por cierto, ¿AR?¿CR7?¿ZP?¿C3PO?¿R2D2? Luego critican los SMS de los chvls. ¿Y estos? ¿Es que han perdido las letras o es que hablan ya como Fraga?

Los principios de cualquier cadena de televisión son (por algún lado lo he leído/oído) los de entretener, informar y educar. Por cierto, los mismos que se recogen para la biblioteca pública en el Manifiesto de la UNESCO de 1994. Curioso. Lo que pasa es que en vez de entretener, atocina; en vez de informar, confunde; y en vez de educar, atonta.

Si por entretener se supone un estado cercano a la catatonia en el que el espectador se limita a contemplar impasible una serie de secuencias propias de una despedida de soltero o de una reunión de colegas pasados de birras, ¡chapeau! ¡Objetivo cumplido!

Si también se entiende por entretenimiento el humor tipo Jaimito, los chistes propios de Arévalo en una tarde mala y los gags repetidos hasta el vómito, ¡chapeau, también!

Si entretener es también asistir a una especie de reunión de propietarios de mala vecindad en la que se airean sus miserias personales o el voyeurismo morboso de espiar por la ventana la convivencia explosiva de varias personas con déficit de sinapsis neuronales y superávit de hormonas, pues vale ¡conseguido!

Si por otra parte, informar es repetir en secuencia incansable titulares de noticias sin contraste informativo, sin indagación de causas, sin contexto o plegarse servilmente a los dictados del pagador ¡Misión cumplida! Si informar es dar la noticia desde Tokio cuando el suceso se ha producido en Basora o hacer un copy/paste grosero de una noticia de agencia ¡OK! Si informar es dedicar el 60% del noticiero a la pretemporada del Real Madrid, al fichaje del Kun o a la concentración de la Selección en Calasparra dedicando el resto a todas las movidas que sucedena diario en el mundo (que no son pocas, desgraciadamente), ego scientia.

Si educar es poner a todas horas, en una cadena dedicada al público infantil, a los Little Einsteins (¿por qué little en vez de pequeños?), la Casa de Mickey Mouse o a Mani Manitas con su espanglish de camarero de Benidorm, ¡target conseguido!, digo, ¡objetivo achieved! (¡¡maldito Mani!!)

La verdad es que, al final, va a tener razón Groucho Marx cuando decía que la televisión es muy educativa porque cada vez que alguién la encendía, él se retiraba a otra habitación y leía un libro.

lunes, 23 de mayo de 2011

Estadística electoral

Decía Borges que la democracia es un abuso de la estadística y tenía toda la razón. En política, la estadística no se usa sino que se abusa de ella y siempre con fines electorales y/o partidistas. Esto es así hasta tal punto que todos nos hemos limitado a creer en ellas de modo casi automático sin llegar a plantearnos que la estadística es la parte de las Matemáticas con mayor posibilidad de interpretación. Que me corrija mi prima Mónica si me he equivocado. En todo caso, en todo dato estadístico existe una buena carga interpretativa que es necesrio tener en cuenta para no tomarlo como dogma de fe o verdad irrefutable. Ejemplos hay muchos y ahora veremos uno con detalle pero tengamos en cuenta también las encuestas de intención de voto y de otro tipo que suelen no coincidir nunca con los resultados finales. ¡Maldita Estadística!

El ejemplo al que me refería anteriormente es el de los resultados electorales. Parece que a simple vista es imposible interpretar los datos de otro modo que el que han resultado del escrutinio de las urnas pero... La estadística lo permite (casi) todo.

Tomemos el ejemplo de las elecciones municipales y autonómicas de ayer (más a huevo, imposible). Los datos puros son los siguientes:





  • Votos contabilizados: 22.971.350 (66,23%)


  • Abstenciones: 11.710.762 (33,77%)


  • Nulos: 389.506 (1,7%)


  • Blancos: 584.012 (2,54%)


Los votos se repartieron como sigue:





  • PP: 8.474.031 (37,53%)


  • PSOE: 6.276.087 (27,79%)


  • IU: 1.424.119 (6,31%)


  • Otras formaciones: 6.797.113 (28,37%)


De acuerdo con esto, los medios de comunicación han lanzado titulares como "España vota cambio" (ABC), "El PP barre a los socialistas" (El País), por citar a los dos medios escritos más importantes. Ahora bien, si analizamos los resultados que son los que son, sin trampa ni cartón, observamos lo siguiente:





  1. El partido político (otros dicen "fuerza política") más votado lo ha hecho no con un 37,53% de apoyo sino con un 24%. Ya que el primer porcentaje lo es del total de votos emitidos pero en esta "interpretación" se ningunea la voluntad de quienes se han abstenido. Por lo tanto, casi 8 personas de cada 10 no querían que gobernara el PP.


  2. En el caso del PSOE es peor, claro, porque el 81,94% no quería que gobernara. Es decir, que sólo ha obtenido el respaldo del 18,06% de la población. Y eso que es el segundo partido más votado. No seguiremos con otros partidos porque el porcentaje sería mínimo.


  3. Sumando los porcentajes de los votos nulos y en blanco, es decir de aquellos con intención clara y directa de sacarles los colores a los gobernantes, esta "fuerza" se situaría entre las cinco primeras, por delante incluso de UPyD. Si además sumamos los abstenidos (11.710.762 votantes) dentro de esta misma "fuerza", la cosa se dispara.


  4. Los que se han abstenido, por su parte, superan ampliamente al partido ganador de los comicios configurando un 33,77% real sobre el número total de votantes y no el 37,53% del PP que lo es sólo del 66% de votos emitidos. El real es un 24%, ¡casi nueve puntos por debajo de la opción de la abstención!


Se pueden sacar más lecturas o interpretaciones de todo esto pero, a fin de cuentas, se demuestra que la interpretación estadística de los datos siempre está hecha desde y para el poder político pero no para los ciudadanos. Así, mientras nos dicen que "España vota cambio", más de las 3/4 partes de España no querían ese cambio y el 60% de este país no quería a ninguno de los dos partidos, ni el que hay ni el de re-cambio. Pero nunca interpretarán esto así y es la prueba de que no nos representan.

Fluido argumental

El político, entre otras cualidades que no voy a enumerar ahora, debe tener una que es principal y que está en el primer epígrafe del primer capítulo de todo manual de política práctica. Hablo del don de la oportunidad, entendido como la capacidad de argumentar cualquier circunstancia en beneficio propio. Así, si Obama gana las elecciones en EE.UU., unos dirán que la sociedad ha reaccionado contra el liberalismo y otros que la sociedad defiende el liberalismo si bien de modo más moderado. Si la economía y las finanzas se sumergen en una crisis de ámbito mundial gracias a las políticas globales, unos lo utilizarán como eximente de todas sus incapacidades y los otros ningunerarán la crisis mundial para centrarse en la crisis local, como si una no fuese consecuencia de la otra. Que miles de ciudadanos indignados acampan en una céntrica plaza de la capital de un país reclamando más democracia, más justicia, más participación o más trabajo, pues unos dirán que son renegados del grupo en el poder y otros que son descontentos con el neoliberalismo sistémico imperante. Habrá incluso (¡oh, hados de la iluminación!) que dirán que son de HB o de Bildu (¿ein?). Y además, todos argumentarán sus tesis haciendo bueno el análisis parcial en vez del global, centrándose en la parte en vez de en el todo o, como dirían los escolásticos, en el accidente en vez de en la esencia.

Pues bien, este don de la oportunidad conocido entre el pueblo llano como "arrimar el ascua a tu sardina" suele tener su día de gloria en el siguiente al de unas elecciones de candidatos. Ya sean estas generales, autonómicas o locales (de las europeas mejor no hablar porque son un sainete en vez de unas elecciones), al día siguiente todos tienen su particular punto de vista de los resultados. Está el eufórico, el taimado, el agorero, el cabal o incluso el resignado pero nunca se verá al responsable, a aquel capaz de interpretar el porqué de su derrota o de su victoria. Es fácil ver, de acuerdo con esto, a gente lanzándose a la calle loca de alegría como si hubiésemos ganado otra vez la copa del mundo y a otra dándose palmadas en la espalda (estamos contigo en este trance, amigo). Esto es más propio de hooligans que de representantes populares. En otras palabras, son reacciones más propias de la competición deportiva que del terreno de las ideas. Yo no veo a Galileo saltando como un loco "¡¡Tooooma, la que gira es la Tierra!! ¡¡Chúpate esa!! o a los amigos de Einstein "Dame una E, dame un Igual, dame una M, dame una C (al cuadrado), reeeelatividad!!" Vamos que creo que son reacciones que demuestran cuál es la preocupación ideológica o filosófica de esta gente.

Si la política fuese lo que era en la Grecia clásica (no en Roma, donde ya apuntaba maneras) todos -no sólo los políticos, nosotros y nosotras también- deberíamos esforzarnos por comprender, por analizar no sólo nuestra derrota sino también nuestra victoria porque significaría el fracaso o el éxito de una idea, de una forma de entender la sociedad y por tanto el mundo en el que vivimos. Eso nos llevaría a aceptar las tesis contrarias a la nuestra, de demostrarse verdaderas o adecuadas, o a refutarlas con otras tesis argumentadas, de ser falsas.

Ya sabemos que esto no es así en la política actual. Lo que vence o es derrotado es un proyecto. No lo digo yo, lo dicen ellos mismos. Es decir, lo que nos venden (porque de eso se trata) es futuro (proyecto), variables de un entorno cambiante, inversión cortoplacista, activos de riesgo. Eso es todo: incertidumbre y promesas. No hay bases deontológicas o principios ideológicos declarados más allá de banalidades y generalidades. Por ejemplo (hay muchos más, pero sirva este botón clásico), todo político abomina de la palabra "corrupción" como de un tumor maligno pero nadie dice (y luego cumple, claro) que ante la más mínima duda razonable de "actos políticos impuros" cederá su mando, su escaño o lo que sea. Los casos de renuncia o dimisión son rara avis en la política aunque se pidan incluso a gritos en el Congreso, eso sí entre ambos lados del hemiciclo y con el mismo resultado en ambos casos.

En resumen, que todos los políticos y los grupos que los respaldan se afanan en acomodar sus argumentos a los resultados porque mientras que los últimos son lo que son, los argumentos de los políticos son maleables y adaptables como los fluidos. Así les será mucho más fácil adaptar las nuevas situaciones o circunstancias a un proyecto flexible y cambiante que a una estructura ideológica ferrea y cuya renovación sólo existe en su renacimiento.

viernes, 20 de mayo de 2011

El mayo de Madrid

Normalmente, los movimientos de protesta sociales no suelen tener su origen en un único punto discordante sino que vienen provocados por una situación general de desencanto, desmotivación y pérdida de confianza en los valores propuestos. En una sociedad bien asentada sobre valores y principios que garantizan la igualdad y la participación de todos y que permite un modo de vida equilibrado y justo, esos puntos discordantes se sitúan en el marco de la negociación y de la discusión, nunca en el del enfrentamiento a las instituciones.

Igual que en las relaciones personales, nadie rompe sus lazos afectivos con otra persona por una opinión contraria en un único aspecto, sino que esas relaciones devienen insoportables por la acumulación de aspectos confrontados que eliminan la confianza de uno en el otro.

El movimiento del 15-M no es ajeno a esto. No hay una única causa que lo haya provocado. No es el desempleo voraz ni los rescates bancarios ni las medidas económicas o financieras ni la escasez de ideas políticas ni la falta de liderazgo ni el neoliberalismo ni el calentamiento global ni las desigualdades e injusticias, sino todo esto y mucho más lo que lo ha provocado. Por eso son absurdas algunas de las reflexiones hechas por políticos de diferente ideología (si es que todavía existe eso) en las que tratan de dar una única respuesta al movimiento.

Hay quien ha dicho que se trata de votantes de izquierdas descontentos, hay quien se ha atrevido a señalar a los "antisistema" como los incitadores, hay quien los comprende pero no comparte sus métodos, hay quien dice que se trata de una crítica a los liberales. En fin, que es la propia clase política la que no tiene muy claro (o sí) de dónde deriva tanta indignación demostrando una vez más su cortedad de miras y su incapacidad de análisis. Incluso hay muchos politicos que animan a los manifestantes a llevar sus reivindicaciones por el camino del sistema de partidos, lo que ellos vienen a denominar sistema democrático. Pero ¿existe mayor representación del modelo democrático que miles de ciudadanos reclamando más justicia, más empleo, menos abusos de poder, más transparencia, mayor igualdad? Por definición de democracia, no.

Es harto significativo escuchar las declaraciones de esa clase política mientras gentes de todo tipo y condición están protestando pacíficamente precisamente contra esas formas de hacer política. O no se enteran o no se quieren enterar. Cualquiera de las dos cosas dice muy poco de su capacidad para representar al pueblo.

En mayo del 68, París vivió una serie de movilizaciones de gente descontenta con el sistema como modelo de convivencia general dentro de un contexto económico, político y social que indignó a mucha gente ante el paro creciente, el imperialismo, la creciente sociedad de consumo, el maoísmo, el marxismo, la ultraderecha, las guerras de Indochina, Argeli y Vietnam, la política de De Gaulle, el desempleo, la influencia de los medios de comunicación, la bajada continua de los salarios y otras miles de causas.

Este mayo, en Madrid se han vuelto a movilizar las personas y si bien han cambiado algunos ismos y algunas guerras, las causas vienen a ser casi idénticas que en París. Si pudieran resumirse estas movilizaciones en una palabra, señores políticos, esa palabra sería "INDIGNACIÓN". Esa es la única posibilidad de resumir lo que pasa.

lunes, 16 de mayo de 2011

Who watches the watchman?

El otro día en la Sexta estuve viendo parte de un programa del Follonero (un tipo majo, la verdad) que trataba sobre los funcionarios. No sobre la función pública, sobre los funcionarios. EL contenido era, como siempre en este programa, cómico, desenfadado, sarcástico e irónico. Vamos, como todos los de Salvados.

Hombre, como programa informativo no daba la talla, la verdad, porque sólo se trataban algunos aspectos del sistema de función pública, los que dan más morbo a todos como el absentismo, la flexibilidad de horarios, los sueldos comparados, la falta de control, etc. Y se dejaban otros de lado como la pérdida de poder adquisitivo, las desigualdades, la corrupción política, la falta de motivación, los vacíos en la legislación aplicable, etc.

Un funcionario, y esto es algo que se debe tener en cuenta, es tanto el cirujano que opera a corazón abierto a un niño como el barrendero que se dedica a recoger las colillas del suelo, el policía que se juega la vida en un tiroteo con los atracadores de un banco y el administrativo que cumple plácidamente su jornada en una oficina con hilo musical y aire acondicionado. Y todos ellos se rigen, prácticamente, por un mismo estatuto con las mismas reglas, derechos y deberes.

Este puede muy bien ser uno de los problemas endémicos de la función pública. La legislación aplicable, salvo en determinados detalles, lo es para el cirujano, el barrendero, el policía y el administrativo. Esto es como si un mismo convenio lo fuese para el peón de albañil, el pescador de altura, el camarero de un hotel y el minero del cobre. Es muy difícil armonizar todos los aspectos legales que influyen en las condiciones de trabajo de todos estos profesionales sin incurrir en injusticias y absurdos. Sin ir más lejos, al margen de la normativa básica aplicable por el Estatuto Básico del Empleado Público, en mi Ayuntamiento existe un Convenio de Relaciones Socio-Laborales en el que en sus primeros artículos señala que “la jornada laboral ordinaria será de 8’00 a 15’00 horas”, pero esto no es aplicable a policías, inspectores de comercio, vigilantes de instalaciones deportivas, bibliotecarios, servicios técnicos, trabajadores sociales, técnicos de turismo, etc. Vamos que sólo es aplicable a menos del 40% de la plantilla, pero es la “jornada ordinaria”. El resto tiene que recurrir a los sindicatos o a acuerdos con el concejal de turno para establecer las condiciones de su jornada laboral ordinaria que no coincide con la que establece el Convenio. Y hablo sólo del convenio de un ayuntamiento y del aspecto que se refiere a la jornada laboral. Multiplíquese esto por todos los ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, hospitales, cuerpos de seguridad del estado y otros organismos públicos y por todas y cada una de las condiciones laborales que afectan a cada colectivo y se comprenderá el pollo monumental que existe.

Otro de los males endémicos de la función pública es, sin duda, la dependencia directa y exclusiva de estos trabajadores de la clase política dominante. Imagínate en una empresa que cada cuatro años, o antes si hay una moción de censura, cambiase de jefe y con él de ideas, de objetivos, de forma de trabajar, de planificación, de filosofía empresarial,.. ¡Sería el caos! Hay proyectos empresariales cuyos resultados se manifiestan a los cinco años, como pronto. Otros necesitan más tiempo. Y además, imagínate que la única forma que tiene el jefe de turno de conservar su puesto es la de caer simpático al dueño del capital de la empresa, sea este una persona o una Junta de Accionistas. Pues además, añádele a esto que el jefe tiene barra libre, o casi, para actuar, para gestionar los recursos porque no está sujeto al balance de resultados propio de la empresa privada y porque la propia ley le otorga autonomía jurídica para actuar de oficio. ¿Te lo imaginas? Pues eso es lo que pasa en cualquier administración.

Añade, además, el flujo incesante de dinero proveniente de subvenciones públicas cuyo control se limita, muchas veces, a la presentación de una memoria final sobre las actuaciones emprendidas o la capacidad de endeudamiento de las distintas corporaciones o administraciones o las contrataciones públicas al borde de la legalidad o los sueldos de asesores y personal de confianza de los políticos o sus dietas por la asistencia a comisiones y plenos, etc, etc, etc.

Con todos estos mimbres resulta que a quienes se les exige un cumplimiento exquisito de sus deberes es a los funcionarios de base. Y no digo que no deba ser así porque a fin de cuentas deben corresponder adecuadamente a una relación contractual como cualquier otro trabajador de la empresa privada. O más si cabe porque están al servicio de la sociedad. Lo que pasa es que cuando un funcionario que realiza sus funciones con celo y responsabilidad ve cómo su trabajo se va al traste porque el político responsable de su área no ha tenido en cuenta su valoración técnica de un asunto y lleva a cabo un proyecto suicida o cuando ve cómo sus funciones las realiza una empresa externa contratada al efecto porque existe una subvención para ello o ve cómo existen determinadas prebendas y privilegios para los amiguetes o ve cómo tiene que realizar funciones de superior categoría de modo sistemático porque hay un vacío en el organigrama, en definitiva, cuando ve que todo a su alrededor es un caos organizativo que deja en agua de borrajas los principios de eficacia y eficiencia que se le presuponen a la administración pública, pues cunde el desánimo, la desmotivación y, finalmente, la laxitud.

Es cierto que puede parecer una excusa pobre y que cada uno debemos de asumir la parte de culpa y de responsabilidad que nos toca, pero no es menos cierto que los problemas de la función pública no se solucionan con el control de los funcionarios porque ¿quién vigila al vigilante? O como dicen los ingleses Who watches the watchman?

Public enemy

Ser catalogado como “public enemy” por los Estados Undos viene a ser lo mismo que haber sido sentenciado a muerte. Si además vistes chilaba o turbante y hablas árabe, date por muerto. Así, es cuando menos extraño que todos los “public enemies” identificados por los Estados Unidos y coreados por el resto de países “occidentalizados”, terminen muertos o ajusticiados ¿No era un signo propio de las democracias occidentales el de someter a los responsables de actos delictivos a un juicio justo en el que se prueben fehacientemente sus actos y se aplique la pena correspondiente? “Bring them to Justice”, dicen ellos. Pero el caso es que pocos son llevados ante la Justicia. O acaban en un hoyo o…en Guantánamo, que para el caso es lo mismo.

¿No sería más deseable para todos haber sometido a un juicio justo a Sadam Hussein o a Osama Bin Laden y haber probado ante todo el mundo su implicación en el 11-S, la matanza de los kurdos, sus lazos con Al Qaeda o la posesión de armas de destrucción masiva? Bueno, esto último no iba a ser posible demostrarlo.

La Justicia lo es porque determina claramente y con pruebas objetivas e irrefutables aquello que sentencia. Tanto en el caso de Sadam como en el de Bin Laden, se ha hurtado o enajenado a toda la ciudadanía (y de paso a los amigos de la conspiración) la posibilidad de reconocer, sin ningún tipo de dudas, a los culpables de las atrocidades de lesa humanidad, a los asesinos, si lo fueron, de sus familiares y amigos.

Las pruebas las han dictado, y digo bien dictado, el gobierno americano y sus agencias y han sido seguidas de modo servil por el resto de países alineados en esta Guerra contra el Terror. Ha dado igual que se hayan demostrado falsas las acusaciones de posesión de armas de destrucción masiva en Irak (Ah, ¿Qué no había “massive destruction weapons”? Jejejej…, dijo Bush), que tampoco se haya podido demostrar, por imposible, los lazos entre Hussein y Bin Laden o que haya más de mil dudas razonables sobre la versión oficial del 11-S (¿por qué razón ajena a la física las Torres cayeron en caída libre? ¿Por qué no había ni restos del Boing que se estrelló contra el Pentágono? ¿Por qué los Bin Laden fueron los únicos viajeros que volaron tras el 11-S?, etc.). También ha dado igual la difícilmente digerible justificación de invadir un país entrando en guerra con él por el mero hecho de suponer que alberga a un criminal. ¿Va a entrar España en guerra con Venezuela por sospechar que alberga a terroristas de ETA? O lo difícil que es de entender que un tipo con turbante y una salud más frágil que la palabra de un político, sea capaz de poner en jaque desde una cueva en Afganistán a los ejércitos más poderosos del mundo con toda su tecnología punta y su virilidad freudiana porque esto lleva, consecuentemente, a dos únicas conclusiones: o recibía ayuda tecnológico-militar de terceros países o todo esto no era más que un bulo más fulero que el del perro Ricky Martin.

Es indigno ver, por otro lado, a toda una caterva de representantes públicos alegrarse hasta el regocijo de la muerte de un presunto terrorista cuando su obligación moral y política como demócratas y defensores de la separación de poderes de Montesquieu era ponerlos a disposición de la Justicia y exigir el fallo público de la sentencia, de una sentencia que, si todo fuera cierto, debería sustentar sus tesis y acabar con las dudas de todos.

Pero como todo lo que rodea la mal llamada Guerra contra el Terror viene a teñirse de un negro más opaco que las entendederas de un Ultra Sur, esta nueva etapa se suma a las informaciones imposibles de corroborar cuando no simple y llanamente ocultadas, los discursos vacíos, las justificaciones imposibles, los ejércitos humanitarios, las imágenes censuradas, los “pools” informativos y toda la parafernalia imprescindible para crear un estado de incomprensión, descontrol y finalmente inseguridad o puro miedo que, por un lado, justifica la inversión astronómica para la obtención de pingües beneficios empresariales y, por otro, convencer a la sociedad de ceder una parte de sus derechos sociales e individuales como contraprestación por la defensa de su vida.

Así, en esta maraña desinformativa, se nos dice que no van a mostrar imágenes del terrorista muerto para no herir sensibilidades y soliviantar ánimos. Bueno, al parecer sólo van a ver esas imágenes un grupo de elegidos, como en las “premier” de Holywood. Sin embargo, no mostraron la misma prudencia cuando se trató de difundir imágenes de las maldades de los “villanos” aunque para ello hiciera falta mentir o meter el PhotoShop con calzador. Ejemplos hay a porrillo como el cormorán bañado en petróleo de la 1ª Guerra del Golfo que resultaba ser una imagen del hundimiento y posterior vertido de crudo del Exon Valdez o las de las incubadoras kuwaitíes arrasadas por el ejército de Sadam cuya principal testigo resulto ser la hija del embajador de Kuwait en Estados Unidos. Hay muchos más ejemplos, sólo hay que buscarlos fuera de los canales de información habituales.

Tampoco está claro qué han hecho con el cuerpo del terrorista. No querían enterrarlo para no crear un santuario. Pues vale. La Iglesia Católica ha creado miles de santuarios a lo largo de su historia sin que se haya podido comprobar la existencia de los restos del santo o santa y ahí los tienes con todas sus indulgencias plenarias y su merchandising. Parece ser que lo quieren arrojar al mar pero tampoco lo tienen claro. Joder, parece una película cómica en la que los protagonistas cometen un asesinato pero luego no saben cómo deshacerse del cuerpo.

También resulta que no queda aclarado si el terrorista estaba desarmado, armado con arma blanca, se puso gallito o se cagó patas abajo. Ni si la mujer que lo acompañaba, supuestamente una de sus mujeres, que los árabes si que aplican bien la distribución sexual, se lanzó a por los Swat o quienes fueran, se cruzó en el camino de la bala o les preparó un te moruno. La primera versión dada fue que Bin Laden intentó defenderse y le dispararon, con tan buena puntería que le dieron dos tiros en toda la almendra. ¿Quién fue a capturarlo, Harry el Sucio? Además, ¿con qué quiso defenderse? ¿lanzando a los Marines o quienes fueran boñigas de cabra? ¡Que maldad la de este tipo!

Otra información que ha trascendido, no sabemos si cierta o incierta pero sospechosa en todo caso, es que toda la información para capturar a Bin Laden se obtuvo bajo torturas. Y ya está. Chimpún. Sale a la luz esta información y todo el mundo a callar. Bueno salvo tibias y timoratas quejas de algún gobierno occidental que quiere tener la excusa de ser muy defensor de los más básicos principios humanos. No se abre una investigación de los hechos, no se lleva a los responsables ante el TPI, entre otras cosas porque los EE.UU. sólo lo reconocen para juzgar a imputados o acusados extranjeros pero no para los americanos, no hay protestas en la ONU, ni siquiera los periodistas que cubren la noticia son capaces de opinar en contra de estas prácticas. El fin justifica los medios.

En definitiva, que se puede mentir, ocultar información, hacer propaganda, limitar o cercenar derechos civiles, acusar sin pruebas, eludir la Justicia, torturar y finalmente asesinar para conseguir un fin que, la verdad, a la mayoría se nos escapa por poco concreto, difuso y sospechoso.

Pero todo esto es la Guerra contra el Terror y nosotros estamos en el bando de los buenos. Pues qué suerte.

viernes, 29 de abril de 2011

Chorradas

Yo os prometo que con algunas noticias no sé si es que nos toman por tontos de remate o directamente por gilipollas rematados. Y no sé si es que el redactor de la noticia tiene la misma idea de periodismo que Paco Porras de sistemas de predicción (cosa que no sería de extrañar) o que los hechos y declaraciones son tal como los cuentan. Si es lo segundo es para hacerte ermitaño y vivir retirado como en remoto tiempo los mortales.

Hoy El País publica, en su edición digital, la noticia de que el paro, que va a dejar de llamarse así para llamarse frenada con bloqueo, ha alcanzado los 4'9 millones de personas pero que el gobierno dice que... ¡atención! (redobles de tambor) ¡HA TOCADO TECHO! Toma ya. Ahí está. Con un par.

Hombre, de seguir así van a poder decirlo sin lugar a dudas. Estén todos ustedes tranquilos. Aunque el paro haya alcanzado los 25,7 millones de desempleados...hemos "tocado techo" porque el 100% de los españoles está en el paro, vamos que no curran ni las hormigas debajo de un bocata, y a partir de ahora sólo queda crear empleo...o irse a Alemania para joderles sus estadísticas. ¿Qué se habrán creído? Muy subidito se lo tienen.

Y es que, digo yo, a quién han preguntado para vaticinar que ya no puede crecer más el índice del paro. Porque si es al mismo que le preguntaron cuando íbamos por los 4 millones mejor que lo manden a Telecinco a hacer algún programa de esos tan del gusto de la cadena. Señor vaticinador ¿podrá Belén Esteban superar su chavacanería?¿Serán rubios los gemelos de Miguel Bosé?¿Tomara gin tonic la Reina de Inglaterra en la boda de su grandson?

Otras perlas que contiene la noticia es la del Vicepresi Rubalcaba cuando afirma que "estamos en el peor momento". Hostia, se ha quedado calvo detrás de las orejas. Pues claro que estamos en el peor momento pero ayer también estábamos en "el peor momento" y antes de ayer y el mes pasado y, lo que es peor, mañana estaremos también en "el peor momento" porque es lo que tiene una tendencia siempre se está en un "momento" bueno o malo pero en un momento superior o inferior según sea la tendencia. Y la del paro va en picao.

Otra más. Dice Pérez (Rubalcaba claro, no va a ser mi suegro que el hombre es más sensato) que aunque sea una "arriesgada previsión", "abril será un buen mes, y mayo, y junio". ¡Cómo le gusta el riesgo a este hombre! ¡Toma vida al límite! Yo creo que ya con los celtíberos abril, mayo y junio eran buenos meses para la creación de empleo en Iberia, perdón, en España. Y en todo caso ¿en qué cifra pararemos? ¿en los 4 millones? ¿Y qué pasará en septiembre? ¿Sobrepasaremos los 5 millones? Bueno, siempre podrán decir que "hemos tocado techo" y que estamos "en el peor momento".

Tercera idiotez en menos de diez frases: según el Vicepresi o Rosendo Cebolleta sin bigote, resulta que el mercado laboral español tiene unas "características singulares" que hacen que cuando la economía crece se crea mucho empleo pero que en cuanto se estanca "cuesta más crear empleo". Luego cantaron Rubalcaba y Valeriano Gómez a dúo : "El patio de mi casa es particular, cuando llueve se moja como los demás, tralará, tralará,..." Dicen que a Solbes se le ha atragantado el carajillo cuando ha leído las declaraciones de su ex-compi de partido y gobierno y el ojo chungo parece ahora el de Sauron. Pero ¿es que realmente creen que somos imbéciles? Esto es como decir que mi economía doméstica tiene unas caraterísticas singulares porque si me toca la bonoloto puedo contratar una asistente de hogar, un chófer, un personal trainer y hasta alguien que me lea las chorradas de los periódicos pero si me bajan el sueldo mileurista a ochocieneurista pues como que ando algo más jodido y haciendo trampas con el peso de la fruta en Mercadona ¿no?

Pero como las tonterías son más contagiosas que las ladillas en un concierto hippy, el Ministro de Trabajo también se ha unido al carrusel de las chorradas y ha dicho que a partir de ahora "no importa mucho si se llega o no a los cinco millones". No hombre, lo importante es si se llega a los dieciseis porque a los cinco ya hemos llegado prácticamente que parece que ese número sea como el 2012 de los mayas o el 2000 de los informáticos. Más allá de los cinco millones existe una tierra ignota habitada por monstruos de cien cabezas. Uuuuuhhhhhh!!! En el cole, el insti y la uni (coño parezco un personaje de Al salir de clase), salvo algún profesor/a cabrón/a, si sacabas un 4'9 en un examen, te ponían un cinco y chimpún. Porque todo el mundo sabe, salvo estos dos, que 4'9 es 5 en las matemáticas populares.

Para el señor Gómez lo importante es "crear empleo y hacerlo cuanto antes". Yieeeeeee!! Tranquilo majete, sin ponernos nerviosos a ver si nos va a dar un pallá. Que parece una secuencia de Arma Letal 35. Hay que desactivar la bomba y hay que hacerlo cuanto antes. Vale pero primero me desencajo el hombro sin llorar de dolor ¿ok?

Señor Valeriano, yo creo que eso era importante cuando el índice de paro estaba en 1 millón. Ahora ya no es importante, ahora es de vida o muerte, de sacar el cuchillo y matar por un puesto de trabajo como la Esteban por su Andreíta.

No obstante, estos datos siniestros tienen un matiz y es la nueva definción de paro de el Work Ministry Dictionary: paro es la diferencia entre quienes quieren trabajar y los que efectivamente tienen empleo. Con toda humildad le corrijo señor Ministro. Trabajar, lo que es trabajar no queremos nadie. No sé si me entiende. El problema es que necesitamos parné para nuestras cosillas, llámese hipoteca, comida, ropa, hijos, padres dependientes, etc. Le aseguro que si no fuera por esto nadie buscaría curro. Así que, aplicando su concepto de paro si los que quieren trabajar son cero, la diferencia con los que si tienen empleo (supongo que los habrán obligado a trabajar a punta de pistola) da cero. ¡Hostia tú! Pero si no hay paro.

Coñas aparte, para el ministro el paro es el registrado en las oficinas del Inem, que, por otra parte, es el único del que se puede sacar un dato real, pero lo hace tergiversando el concepto de población activa cuando equipara ésta a las personas apuntadas en el Inem. Pues no. La población activa es aquella con la capacidad legal de trabajar, es decir desde los 16 a los 65, perdón, 67, perdón ¿79? y que no estén desempeñando una actividad que les impida la incorporación a la vida laboral (estudiantes y pensionistas, mayoritariamente desde que quitaron la mili). Así que, mucho me temo que el dato puede ser más escalofriante porque efectivamente sólo se puede cuantificar la diferencia entre los apuntados al Inem y los cotizantes de la Seguridad Social pero hay un más allá del desempleo.

En cuanto a la oposición, la cosa es de guasa. Con la que nos está cayendo encima, con el desempleo más lanzado que Berlusconi en el aniversario de Playboy, sólo atinan a decir que el gobierno "es incapaz de gestionar la economía". Vale eso ya lo sabemos todos, además de que lo repetís hasta en la sopa. ¿Qué quiere comer señora Cospedal? ¡El gobierno es incapaz de gestionar la economía! A mí me va a shervir lo mishmo. No faltaba más Don Mariano. Pero, ahora, después de estos datos que te los ponen de pajarita, ¿qué soluciones porpone la oposición? Y el brain storm (tiene nombre de cereales de fibra heavys) del PP o es que la tormenta de ideas se les ha quedado en chirimiri de chorradas. Pues nada, las mismas que las del gobierno y mientras unos cuantos millones de españoles a verlas venir.

Como ya dijo Marx (Groucho, no Karl), la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

miércoles, 27 de abril de 2011

Personas non gratas

La noticia hoy es que el Gobierno ha impugnado más de 200 listas de candidatura de la coalición Bildu. Bien, muy bien. Nadie debe utilizar la democracia con fines distintos a los de la propia democracia y ningún candidato debería serlo si ha transgredido las propias normas democráticas. Por tanto, perfecto. Que se investigue a los candidatos. El problema es el de siempre: el rasero con el que se mide.

Que se investigue a los candidatos de esa coalición por si alguno hubiera pertenecido a formaciones políticas declaradas ilegales o por si hubiera tenido vínculos con organizaciones declaradas terroristas no sólo es lógico sino deseable para garantizar una sana democracia y una clara intención de servir a todos, los voten o no. Pero lo que no parece tan puramente democrático es que mientras que se impugnan estas listas y se depuran de los elementos más perniciosos haya en otros partidos candidatos imputados por otros delitos y otros con sospechas más que razonables de haber incurrido en delito.

No se trata de comparar porque no hay comparación posible entre quienes quitan la vida de otros o quienes dan apoyo más o menos directo a los asesinos y quienes utilizan su cargo público para el lucro personal. Pero hablamos de democracia y en esto hasta el delito más nimio y más inocente debería tener consecuencias directas e inapelables sobre quien lo comete.

El terrorismo, concebido como las acciones dirigidas a sembrar el miedo entre los ciudadanos, debe ser perseguido hasta sus últimas consecuencias con el fin último de eliminarlo de raíz y permitir así que la gente pueda vivir en paz y libertad que es la ausencia total de miedo. Pero hay formas muy sutiles de sembrar miedo entre las personas y obligarlas a mantenerse en un estado de alerta permanente y, por tanto, sometidas a la pérdida de libertades personales. No es necesario recordar aquí la Patriot ACT americana para comprender esto.

Mientras abundan los casos de corrupción política, mientras se emplea el cargo público en beneficio propio, mientras existen una serie de privilegios por el mero hecho de pertenecer al número de los cargos públicos, mientras los Berlusconi, Fabra, Camps, Kissinger, Chavez, eurodiputados de clase business, diputados de pensión completa y demás extravíos democráticos campan a sus anchas sin que haya ni la más mínima intención de acabar con esto en beneficio de la democracia, existe un doble rasero que pretende hacernos creer que la democracia y sus límpidas reglas están a salvo porque se han impugnado unas listas con personas non gratas para la democracia. Y eso está muy bien pero no son las únicas personas que le sobran y estorban a la democracia. Hay muchas más personas non gratas.

Y es que, como decía no recuerdo quién, en política como en matemáticas, lo que no es correcto está mal.

viernes, 8 de abril de 2011

Representatividad

La historia del parlamentarismo tuvo su origen allá por finales del siglo XVII en Inglaterra y se fundamentó, entre otras cosas, en la abolición de los privilegios de una oligarquía con base monárquica que los disfrutaba en detrimento del resto de ciudadanos que veían así violados sus propios derechos sobre sus posesiones. Curiosamente fueron los liberales los que iniciaron este sistema parlamentario como medio de protección de la propiedad fundamentada en el derecho natural que sustentaba la individualidad de la persona.

Ha llovido mucho desde entonces y, como todos los sistemas no sujetos a revisión y ajuste continuo, el parlamentarismo se ha corrompido hasta provocar una involución de sus principios constitutivos pasando a defender las tesis contrarias por las que fue fundado.

Aquel parlamento que defendía los derechos de propiedad del individuo y, por extensión, al propio individuo frente a los desmanes y atropellos oligomonárquicos ha pasado a la mejor vida de la Historia como ya lo hizo la democracia de Perikles y, como ésta, ha dado la vuelta a la tortilla de la representación popular para dar paso a una nueva oligarquía de signo parlamentario.

La representatividad de los parlamentos sólo existe hoy sobre el papel igual, por otra parte, que la democracia sólo existe como definición de un sistema político (el mejor, para muchos) que no termina de desarrollarse plenamente por tratarse, en esencia, de la coartada de unos cuantos para continuar disfrutando de unos privilegios no emanados del pueblo.

La verdadera representatividad, por definición, debería ser una copia fiel de aquello a lo que sirve de reflejo, un reflejo de aquello que simboliza ya lo que sirve de extensión. De igual modo que un modelo es la réplica exacta, a escala o no, de un conjunto de similares características, el valor de representación de la clase política, consustanciada en el Parlamento, debería tener las mismas cualidades, principios y características de la masa social a la cual representa. Pero no sólo no es así sino que la separación entre el modelo y su conjunto se ha subvertido de tal forma que no existe correspondencia alguna posible entre lo representado y su representante.

A las muestras cotidianas de esta subversión e improcedencia del modelo que todos los días podemos observar en diferentes medios aún siendo estos, en la mayoría de casos, los voceros del poder establecido por la oligarquía político-empresarial, podemos observar meridianamente claro cuál es la separación entre nuestros representantes y aquellos a los que dicen representar. En las noticias aparecidas en algunos medios estos días según las cuales los eurodiputados se niegan a viajar en clase turista y a congelar sus salarios se observa esta perversión de la representatividad. Mientras se bajan o congelan salarios y pensiones, se reforman las condiciones laborales (para mal del trabajador), se recortan gastos sociales y se ajustan (al alza) medidas fiscales, estos supuestos representantes se niegan a perder sus privilegios (¿de clase?) y a realizar el ajuste económico al que obligan a sus representados.

Con estas decisiones, nuestros representantes políticos se están convirtiendo en una especie de casta, en una oligarquía privilegiada que se separa cada vez más de aquellos a quienes representan y que les han elegido libremente para hacerlo, dejando la democracia parlamentaria en una situación tan agónica que ambos vocablos ya sólo sirven como complemento necesario de un discurso vacío y falso.

Bibliografía

  • Montero, Daniel: La casta: el increíble chollo de ser político en España. Ed. La Esfera de los Libros, 2009
  • Lassalle, J.M.: Liberales: Compromiso cívico con la virtud. Ed. Debate, 2010
  • Quevedo, F. y Forcada, D.: El negocio del poder: así viven los políticos con nuestro dinero. Ed. Áltera, 2009
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